El kirchnerismo y la salud mental: las enfermedades mentales, definición y su influencia en el poder

Por Carlos Zenozain

La ENFERMEDAD o EL TRASTORNO MENTAL es una alteración de tipo emocional, cognitivo y/o comportamiento, en que quedan afectados procesos psicológicos básicos como son la emoción, la motivación, la cognición, la conciencia, la conducta, la percepción, la sensación, el aprendizaje, el lenguaje, etc. Lo que dificulta a la persona su adaptación al entorno cultural y social en que vive y crea alguna forma de malestar subjetivo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los grupos de diagnósticos que dan lugar a la aparición de una situación valorada como Enfermedad Mental Grave son:

  • Esquizofrenia y grupo de trastornos psicóticos: Se caracteriza por los trastornos del pensamiento, alucinaciones y síntomas negativos; suele conllevar gran afectación de las funciones de relación social. Se produce un grave deterioro de la evaluación de la realidad que interfiere en gran medida con la capacidad para responder a las demandas cotidianas de la vida.
  • Trastorno Bipolar y grupo de los trastornos afectivos mayores: Se caracteriza por las fases de alteración severas del estado de ánimo y el nivel de la actividad de la persona que lo padece (episodios maníaco-depresivos).
  • Trastornos de la Personalidad: Es una alteración de la personalidad, de la forma de vivir, de la forma de ser y de relacionarse con el entorno. La patología viene dada por agrupaciones de rasgos peculiares (no síntomas clínicos) que hacen sufrir a la persona o le generan importantes conflictos en la relación interpersonal y/o social.
  • Trastorno Obsesivo Compulsivo: El Trastorno Obsesivo Compulsivo es un trastorno mental crónico, que los manuales diagnósticos lo ubican dentro de la categoría de los “Trastornos Obsesivos Compulsivos y trastornos relacionados” y dentro del grupo de “trastornos neuróticos secundarios a situaciones estresantes y somatomorfos”. Cuando una persona padece un TOC tiene ciertos pensamientos repetitivos de manera involuntaria y presenta rutinas o rituales de manera continuada.

Con relación a esto, el periodista norteamericano Jon Ronson ha descubierto –en un test para la detección de la psicopatía, elaborado por el psicólogo de la University of British Columbia, Robert Hare, diseñado para detectar rasgos psicopáticos en los delincuentes y en los asesinos en serie– que muchos psicópatas conviven con nosotros y lo hacen de manera bastante exitosa.

En su libro, Bob Hare define el perfil de los psicópatas como personas encantadoras y con gran carisma, pero que utilizan ese encanto para seducir y atraer a sus víctimas. Personas que, a través del sexo, la violencia y el poder controlan a los demás para así satisfacer sus propias necesidades ególatras. Hare prosigue: «los psicópatas carecen de conciencia y empatía, es decir, son incapaces de ponerse en los zapatos del otro, toman lo que quieren y hacen lo que les place, violando las normas sociales sin culpa o remordimiento alguno, faltándoles las cualidades que les permiten a las personas vivir en armonía con sus semejantes».

Además, agrega que: «los asesinos seriales arruinan familias. Los psicópatas corporativos, políticos y religiosos, arruinan economías, sociedades y países enteros».

En “El Príncipe”, de Nicolás Maquiavelo se presenta al duque Valentino, César Borgia, como el prototipo del hombre que se encumbra a través del infortunio de otros, utilizando la intriga, la manipulación y el terror. Curiosamente, las consecuencias de tan narcisista comportamiento las encontramos en el mismo César Borgia, quien resultó ser víctima de sus propias intrigas palaciegas al caer en desgracia, cuando ascendió Julio II (Giuliano delle Rovere) al trono papal, a pesar de que Borgia se lo trató de impedir. Otro de los personajes estudiado por Maquiavelo, que ilustra la manera perversa de conducir a un pueblo, es Fernando de Aragón, quien logró grandes conquistas amparado en el estandarte de la religión cristiana, pero que en su actuar personal desconocía los principios de la solidaridad, del amor y la entrega al prójimo profesados por Cristo.

Dicho proceder sin escrúpulos, actualmente es considerado por los psicólogos y psiquiatras como un severo trastorno de la personalidad, y a los sujetos que lo padecen se les considera psicópatas. Aunque el diccionario de la lengua española lo defina «como una anomalía psíquica donde la conducta social del individuo se halla patológicamente alterada como consecuencia de su adaptación al medio», los últimos estudios en el campo de las neurociencias señalan que este trastorno de la personalidad podría tener, también, un origen orgánico. O sea, el psicópata nace y se hace.

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

Robert Hare define la personalidad psicopática, mediante una lista basada en el trabajo de Hervey Cleckley, autor del libro The Mask of Sanity: An Attempt to Clarify Some Isseus About So-called Psichopathic Personality, de veinte rasgos: Gran capacidad verbal y un encanto personal, autoestima exagerada, constante necesidad de obtener estímulos y tendencia al aburrimiento, inclinación a mentir de forma patológica, comportamiento malicioso y manipulador, carencia de culpa o cualquier otro tipo de remordimiento, afectividad frívola y superficial, falta de empatía, crueldad e insensibilidad, estilo de vida parasitario, carencia de autocontrol, vida sexual promiscua, problemas de conducta desde la niñez, falta de metas realistas a largo plazo, actitud impulsiva, comportamiento irresponsable, incapacidad patológica para aceptar responsabilidades sobre sus propios actos, matrimonios de corta duración, tendencia hacia la delincuencia juvenil, versatilidad para la acción criminal, aptitudes para influir en la revocación de su libertad en caso de ser sujetos a alguna acción penal.

La psiquiatría tiene claro que al psicópata no le frenan argumentos morales o lógicos ni el miedo a producir daño a sí mismo o a otros, ni tampoco el pudor ante el descubrimiento de sus felonías: al psicópata sólo le frena la ley.

Si queremos dar una idea precisa de cómo se maneja esta clase de individuos, el mejor ejemplo son la mayoría de los políticos y funcionarios del kirchnerismo que basan su comportamiento a la mera consecución de intereses personales y de su partido. Los sucesos recientes de público conocimiento dan cuenta de lo descripto anteriormente, Cristina Fernández de Kirchner ha hecho gala de dichos diagnósticos sobre todo después de la muerte de su esposo. El poder absoluto que recibió luego de la desaparición de Néstor Kirchner terminaron por minar el ya deteriorado razonamiento que tenía. ¿ Ella se adueñó del poder o el poder se adueñó de ella ?

Los últimos años de su anterior gobierno fue dando muestras acabadas que no gobernaba con lógica, ni razón y mucho menos con sentido común, su frase de cabecera ‘Vamos por todo’, vista a nivel mundial, fue una especie de slogan de campaña, o si se quiere, un mantra advirtiendo lo que se venía. Y como todo psicópata está cumpliendo al pie de la letra lo prometido, promesa que se vio interrumpida por la llegada de Macri al poder en 2015.

Los psicópatas ven como a un enemigo acérrimo a cualquiera que se le cruce en su camino al objetivo planteado, por eso Mauricio Macri fue ‘carne de cañón’ durante años y el periodismo opositor fue blanco de críticas, censuras y humillaciones. Esos cuatro años de gobierno de Cambiemos no hicieron otra cosa que acentuar el resentimiento y la actitud psicopática de la jefa de la banda y su feligresía. Todos los psicópatas son narcisistas, con un falso complejo de superioridad que manifiesta una gran irritabilidad cuando es contrariado, por lo que puede exhibir un lenguaje corporal de clara violencia contenida.

Las medidas tomadas desde la asunción de Alberto Fernández a la presidencia han sido TODAS para castigar al pueblo que no la votó en 2015, no volvieron para solucionar los problemas de la gente, como todos sabemos asumieron para terminar el saqueo interrumpido en 2015. La liberación de los presos, la usurpación de casas y terrenos, el aumento de los delitos, la creación de nuevas secretarías, la defensa de los delincuentes, el horrible manejo de la economía, solo por nombrar algunas medidas no son casualidad, son el castigo para la clase media por haberles interrumpido la cadena de delitos en 2015. Se toman medidas ridículas para provocar a la clase productiva argentina haciendo gala de un resentimiento infantil y esto es solo el comienzo.

«Los políticos de fuste generalmente son psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio. Esto no quiere decir, desde luego, que todos los políticos o todos los líderes sean psicópatas, ni mucho menos, pero sí que el poder es un ámbito donde ellos se mueven como pez en el agua», indica el médico psiquiatra Hugo Marietán, uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía y referencia obligada para aquellos que les ponen la lupa a estas personalidades atípicas, que no necesariamente son las que protagonizan hechos policiales de alto impacto.

LA SOCIEDAD ENFERMA

José Apezarena, periodista y editor del diario Confidencial Digital de España escribe en ese medio ‘Evidentemente, la inmensa mayoría de las personas que se dedican a la política son perfectamente normales, y muchos tienen vocación de servicio, pero, dado que los psicópatas tienen una necesidad hipertrófica de poder y prestigio, son especialmente atraídos por la actividad que más poder permite ejercer y que, además, paradójicamente, menos requisitos objetivos (morales o profesionales) exige para ejercerlo.’

El problema principal radica cuando en una sociedad vapuleada de 45 millones de habitantes estos sociópatas encuentran las victimas perfectas para ser parasitadas, y es en ese preciso momento cuando comienza a jugar fuerte en cada uno de los habitantes la formación cultural, la educación, el entorno familiar y el estado de salud mental. Las personas con mayor capacidad de raciocinio no van a ser ‘parasitadas’ por la demagogia de un líder mesiánico porque su razonamiento y su sentido común les va a hacer abrir los ojos.

En cambio, las personas con poca formación cultural y educativa, con problemas de autoestima o que han crecido dentro de un entorno familiar toxico y agresivo son más propensas a creer en esta clase de sociópatas, encuentran en ellos a una especie de ‘santidad’ o ‘ser místico’ que dice justamente lo que la víctima quiere escuchar, creando de esa manera una empatía y un fanatismo por ese funcionario público solamente comparable a la adoración que hacían las sociedades de las primeras civilizaciones a sus dioses paganos.

El gobernante sociópata consciente de esa ‘aureola de divinidad’ de parte de su feligresía los premia con migajas (subsidios, planes, bolsones de comida, etc) para que todo siga así, para mantener a esa clase de gente en el limbo de la escala social, ritual que se acentúa cada dos años cuando comienzan los procesos electorales. Según el filósofo francés Michel Foucault, el poder no está centrado en el Estado, sino disperso por una gran cantidad de espacios de «micropoder» que se reparten por toda la sociedad.

En las redes sociales o en la comunidad, en el ámbito laboral o en una reunión de amigos, se genera este fenómeno donde la gente que defiende el régimen K reacciona de forma desmedida ante cualquier crítica respondiendo de manera agresiva a todo aquel que se atreva a enfrentar o contraargumentar las mentiras de la líder o algunos de sus secuaces. Por lo general, hacen una proyección psicológica volcando sobre el agredido todas las características psicopáticas que son propias de su líder, responden sin lógica ni razón, desde el impulso emocional, por eso generalmente proceden al insulto o victimización.

La realidad que describen los seguidores es solamente la que les describe dicho gobernante sociópata, no aceptan otra verdad, respetan a rajatabla los lineamientos de la líder, justificando cualquier medida ridícula o antipopular sin importar que perjudique a la población, ellos van a estar ahí para defender cada decisión o normativa que establezca el régimen, convirtiendo en enemigo a toda persona que muestre algún desacuerdo.

Velazco de la Fuente en su sección ‘Perfiles Criminales’ cita ‘El maltrato psicológico es una violencia invisible y es cualquier conducta, física o verbal, activa o pasiva, que atenta contra la integridad emocional de la víctima en un proceso continuo y sistemático con el fin de producir en la víctima intimidación, desvalorización, sentimientos de culpa y sufrimiento.’

La patología del poder consume poco a poco a quien lo ejerce y conduce al desatino, pero cuando quienes ostentan el poder comienzan “a actuar como sociópatas”, el escenario se transforma en algo mucho más alarmante. En tal caso, el ciudadano atento debe despertar al hecho de que su libertad y su paz pueden estar amenazadas, y que ni una dialéctica ingeniosa, ni una retórica florida, ni una apelación escandalizada a principios morales o al orden legal, ni las salvaguardas normales de la sociedad, ni los juramentos rituales basados en un honor y una conciencia que erróneamente se presuponen le protegerán. Sólo una implacable resistencia institucional basada en la aplicación estricta de la ley podrán defenderlo.

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