El kirchnerismo y el tarot político

Por Virginia Canal

Predicción de futuro es una de las primeras definiciones que se arriesgan cuando se intenta conceptualizar al Tarot. Sin embargo, éste puede presentarse también como una herramienta útil para comprender, de un modo más profundo, las formas en que se resolverán algunos acontecimientos predichos.

Se dice asimismo que el Tarot propone un “hacerse responsable” de lo que nos sucede. Ello implica reconocer que las experiencias son inevitables como paso previo al crecimiento personal. Incluso permite distinguir como buena o mala cada acción según si resultan o no concordantes con nuestros anhelos.

La lectura de Tarot, atento a lo dicho, se convierte —para los creyentes místicos— en una oportunidad para revelar lo que desconocemos al explicar de una manera muy particular —a través de cartas que contienen arcanos menores y mayores— las experiencias. Y se logra con una perspectiva alejada de nuestra teatral historia individual.

El caso del tarot Osho Zen es particular porque conlleva un cambio de paradigma en la lectura de las barajas. A diferencia del tarot tradicional, está fundado en principios filosóficos que rodean a la conciencia humana y no busca adivinar el porvenir. En este tarot aparece la baraja de la política ¿Y qué significado particular esconde el naipe? Cuentan los que saben que cualquier persona, cuyos dones sean la simulación y la hipocresía, tiene como destino convertirse en un líder político.

Todo lo que necesita es una fachada de frente para ocultarse detrás. Cada actitud, comportamiento o gesto que muestra el “político” es simplemente falso. El rostro, con una sonrisa inocente y mirada cándida, no es más que la expresión artificial y adulterada del payaso maldito.

Los políticos, no nos asustemos ahora, son individuos astutos que han logrado el dominio de la humanidad ¿Y cómo lo han conseguido? Tan simple como histórica es la respuesta. Han acudido a la debilitación, al sentimiento de culpabilidad, al menosprecio y al miedo. El político, en definitiva, obtiene el control al destruir la dignidad humana.

Por su propia naturaleza, el político concibe, proyecta y manipula situaciones con el único propósito de obtener lo que quiere y le conviene. Digámoslo de otra forma, el político no es un ser real, es un ente malévolo que no defiende los intereses de nadie, salvo los propios. Es un siniestro y oscuro personaje que se estanca en la obsesión por el poder sobre los demás.

¿Reconoces a este personaje? Estoy segura que sí; no es tan difícil la comprobación si miramos —aun superficialmente— a nuestros líderes gubernamentales actuales y prestamos atención a sus conductas. Por suerte, no hace falta el don de la videncia, con sentido común sobra.

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