La intelectualidad jurídica: ¿ingenuidad, cinismo u obsecuencia?

Por Fernando Shina

Hace ya unos treinta años que, gracias a la generosidad del entrañable Profesor Dr. Carlos Ghersi, empecé a estudiar con notable entusiasmo, que por suerte ya no tengo, todas las cuestiones relacionadas con el llamado Derecho del Consumidor. Además, escribí ( y sigo escribiendo con el mismo entusiasmo) varios libros sobre esa materia.

Digo esto para que se me conceda la licencia que gozan los asadores más viejos de prender el fuego usando un poco de alcohol. Ello, claro, ante la mirada reprobatoria de los jóvenes pupilos que sufrirán un desconsuelo irrevocable. Y está bien que eso ocurra; después de todo, aprender es, en gran medida, soportar los desconsuelos sin que ellos nos desconsuelen exageradamente…

Vayamos a lo nuestro… Leo el título de la nota del diario La Nación y no me cuesta imaginar la preocupación del sector empresario y el fervor de los defensores de los consumidores. Sin embargo, antes de apurar aplausos o derramar lágrimas, me gustaría reflexionar brevememe sobre este asunto de los reclamos adolescentes que la normativa anuncia con pompa.

Tiempo atrás, cuando del Dr. Ricardo Lorenzetti tenía ideas más juveniles, menos judiciales y, casi por añadidura, más brillantes, solía enseñar que el Derecho del consumidor no enfrentaba al binomio de los deudores y los acreedores, ni al más antagónico de los ricos y los pobres o caudalosos y desposeídos.

Esta rama jurídica, decía Lorenzetti, estaba destinada a proteger a los débiles de los más poderosos; de allí la mayor jerarquía que este notable jurista le asignaba a la regla latina conocida como «favor debilis». En la Argentina kirchnerista, el débil del mercado es el proveedor de bienes y servicios que está siendo virtualmente asesinado por las políticas del gobierno.

En esta misma red social hay cientos de muros con grupos dedicados a proteger a los consumidores. Y está bien que desarrollen esa actividad tan útil. Empero, no he leído una sola nota que explique que hoy no está en juego el derecho de un consumidor al que se le rompió la nueva funda del «celu», sino que peligra la sociedad de consumo que venimos construyendo desde la primera Constitucion liberal de 1853.

Tanto silencio e indiferencia me hace dudar acerca de si padecen una sobredosis de ingenuidad, de cinismo o de obsecuencia. Desgraciadamente, hay que admitir que la intelectualidad jurídica local tiene destreza olímpica en esas tres disciplinas. Dicho de otra manera: es ingenua, cínica y obsecuente.

Por supuesto que la UBA (Facultad de Derecho) no queda exenta del reproche. Por el contrario, la Universidad de Buenos Aires ( insisto: Facultad de Derecho), con la arrogancia propia de los mediocres, siempre tiene un premio para ostentar y nunca una idea para innovar.

Hoy debemos proteger al sector de los proveedores de bienes y servicios porque ellos son los nuevos débiles del mercado. La intervención del gobierno K es prácticamente incompatible con el capitalismo moderno que este país SIEMPRE propició. Ojalá que los jóvenes doctrinarios, siempre más progresistas que uno, que envejece no tan despacio como quisiera, entiendan que sin sociedad de consumo no hay derecho del consumidor, ni consumidores, ni proveedores, ni capitalismo… ni Democracia. La UBA debería prestarle más atención a Tom & Jerry, esa deliciosa alegoría de proveedores y consumidores, que a sus dudosos galardones científicos.

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