Nos gobierna “la peste”… por Pablo Rossi

Reinan la perplejidad, el miedo y el dolor en la Argentina. A esta altura, nadie está inmune de tener a una persona conocida, a un amigo o a algún familiar que ya no esté. La verdad es que las balas pican y la peste nos gobierna. El escritor francés Albert Cambus escribió: “El problema no es tanto cómo ataca a los cuerpos sino cómo desnuda a las almas”.

También recordaba esa frase de Jorge Luis Borges: “No nos une el amor sino el espanto”. El amor no nos une. ¿Nos podrá unir el espanto? Nuestra sociedad está en un punto de tal confrontación que ya ni el espanto, aunque el miedo es disciplinador. ¿Y cómo no tenerlo?

Hoy escuchaba al sociólogo Eduardo Fidanza en La Nación Más pidiéndole al periodismo que no profundizáramos la grieta. ¿Qué significa no agrandar la grieta? ¿Significa no criticar más al Gobierno? ¿Es buscar la unidad? ¿Sobre qué bases? La unidad debe ser bajo información de calidad, datos, verdad, transparencia y tablero de control.

No hay una casa en la Argentina que no haya sentido el impacto. Nos toca a todos. Hay una ruleta rusa jugando sobre nosotros y nosotros participando de ella. Los jóvenes que este fin de semana deambularon por fiestas clandestinas creen que no les toca pero si les toca. Ahí están la cepa de Manaos y la británica.

No es para estigmatizar a nadie. Es que solo nos queda el miedo. Y cuidado porque deberíamos pactar que no nos manipulen el miedo. Para eso haría falta la sensatez de un gobierno al que le podamos creer. Le queremos creer pero no en una credulidad ingenua y naif. No entregarle nuestra credulidad para que la maneje Cristina Kirchner.

Cuando gran parte de la sociedad le entregó la expectativa, el Gobierno la defraudó. Eso ocurrió en 2020. La defraudó el ministro de Salud; la defraudaron con los vacunatorios VIP; la defraudaron con los anuncios pomposos de las vacunas que no llegaron; la defraudaron con una cuarentena que postulaba salud o economía y terminamos teniendo aplazos en los dos ítems. ¿Cómo creemos nuevamente? ¿Cómo nos ponemos obedientes y disciplinados detrás de un plan? El miedo es la intemperie absoluta.

Hoy todos tenemos miedo de necesitar una cama y no tenerla. Hoy todos tenemos miedo y también de que nos gobiernen el miedo. Todos los gobiernos de corte autoritario o con alguna tendencia autoritaria llegan a la conclusión de que es mejor que les teman a que los amen. De ahí que los resortes del poder son siempre aquellos que manejan esos hilos de la sociedad. Y de ahí viene que el miedo es disciplinador.

Ni siquiera en la Argentina tenemos un gobierno de disciplinar a nadie. Es más, en el peor de los mundos. Que no puede disciplinar a los propios. Tenemos un presidente que dinamitó su confianza, que no gobierna y que todos sabemos que el poder lo tiene la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Allí ya radica la principal trampa para no caer en el romanticismo de acabar con la grieta a cambio de una supuesta unión que será utilizada para otros fines.

Si la vicepresidenta firmara un pacto público de que cesa con sus embates para apoderarse del Poder Judicial, cómo no. Ahora firmar la unidad nacional naif porque nos espanta el temor al virus para que Cristina siga haciendo de las suyas, no. El espanto y el miedo son nuestros. La autodisciplina también deberá serla.

El Gobierno ni siquiera está condiciones de ofrecer ni vacunas suficientes, ni testeos suficientes ni un tablero de control que nos permite saber dónde está el virus a cambio de la disciplina social. Están los vacunatorios desbordados y están los testeos en niveles bajos.

A la ministra Vizotti se le está yendo de las manos el manejo de la pandemia

Esta semana tampoco hay novedad de vuelos. Cuando la ministra de Salud fue al Congreso de la Nación, dijo que no puede decir ni cuándo ni cómo van a estar las vacunas. Cómo no tener miedo si no sabemos. La vacuna Sinopharm, dicho por expertos como Eduardo López, tiene una efectividad del 79% con las dos dosis. La fase 3 no ha sido publicada en la revista The Lancet.

¿Eso no es hablar contra la vacuna? No. De la misma manera, si tuviera la posibilidad hoy, me aplicaría cualquiera. Vacuna aplicada es mejor que vacuna no aplicada. Dicho esto, necesitamos los datos. La primera manera de conjurar el miedo para debilitarlo y que no nos domine o que no genere actitudes irracionales es con buena información.

La peste nos gobierna. Nos gobierna a todos los ciudadanos, que sentimos miedo objetivo y racional, y también gobierna al oficialismo. Es el activo principal: tienen miedo al Conurbano bonaerense, tienen miedo de no tener el paliativo económico si se paraliza la actividad económica, tienen miedo de encerrar a la gente y que la gente no haga caso.

¿Cómo conjuramos el miedo en un país berreta, desorganizado, anómico y donde nadie cumple la ley? Donde el ejemplo está ausente, donde el que está en el Estado aprovechó el manotazo para vacunarse él y los suyos. ¿Por dónde empezamos?

Fuente: pablorossi.cienradios.com

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