Del juramento hipocrático a la blasfemia del hipócrita. O, lo que es lo mismo, de Hipócrates de Cos a Alberto Fernández

Por Virginia Canal

Hipócrates de Cos (460 a.C. – 370 a.C.) es considerado vox populi como el padre de la medicina. Su huella se imprimió en la historia al confrontar con sus contemporáneos, quienes entendían a la enfermedad como resultado de distintas supersticiones o de eventos sobrenaturales, verbigracia la posesión del cuerpo por espíritus malignos.

Para este médico griego, y he aquí el punto de inflexión de su gran legado, la enfermedad debía explicarse desde lo físico y mediante el raciocinio. En el campo de la ética médica, le es atribuido a Hipócrates el célebre compromiso que asumen los médicos antes de ser admitidos como miembros de la profesión y que lleva su nombre: el “juramento hipocrático”.

De conformidad a este juramento, los nuevos profesionales en el arte de curar se obligan, entre otras cuestiones a: “… Ejercer vuestro arte con conciencia y dignidad. Hacer de la salud y de la vida de vuestros enfermos la primera de vuestras preocupaciones. Respetar el secreto de quien se os haya confiado a vuestro cuidado… No permitir jamás, que entre el deber y el enfermo se interpongan consideraciones de raza, religión, nacionalidad, de partido o de clase. Tener absoluto respeto por la vida humana desde el instante de la concepción…”.

Esas paradojas del destino, luego de más de 2500 años, pusieron en primer plano y en altavoz al presidente de algunos argentinos, Alberto Fernández. El fantoche jefe de Estado, tal vez a causa de alguna secuela neurológica tras su COVID positivo o quizá por idiotez motus propio, emitió una blasfemia incalificable contra aquel juramento hipocrático, contra la comunidad médica y contra todo el personal que interviene en el sistema de salud ¡salvando vidas!

Esas vidas que no se distinguen entre “esenciales” y “no esenciales”, tal como estos cerdos oportunistas y malhechores K-A propusieron. Vidas, así de simple; el sistema de salud salva VIDAS y sin discriminar. Cabe recordar las palabras, días atrás, del oompa loompa con cargo jerárquico gubernamental aparente dentro de la fábrica de putefractos e inmorales títeres de la exitosa abogada: “El sistema sanitario se ha relajado”.

Esta atrocidad artera tuvo tal repercusión en la sociedad, no solo en la comunidad que nuclea a los profesionales del arte de curar y de cuidar, únicos al frente de la batalla desde los inicios de la pandemia, que se vio obligado a retractarse…hipócritamente. Y tristemente, hipócrita no es lo mismo que Hipócrates. Ni el juramento hipocrático es lo mismo que la grosería hipócrita de Alberto “Pulenta” Fernández. Vayan nuestras más sinceras disculpas y el agradecimiento a todos los que hoy hacen honor a su juramento con la vocación intacta e irrenunciable para ganar esta partida.

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