El último rostro del peronismo: el genocidio.

Por Fernando Shina

Hasta ahora sabíamos que el peronismo era un elogio al analfabetismo (alpargatas sí, libros no, decía el infame), al nazismo (incesante ingreso de jerarca nazis con la complacencia del filonazi Juan Domingo Perón), a la inutilidad (¿recuerdan a la inepta de Isabel Martínez de Perón?), al asesinato (los montoneros, muchos de los cuales hoy están en el actual gobierno, eran y son eso: asesinos), al fascismo (no podemos olvidar la vergonzosa amnistía que proponía, en 1983, el sinvergüenza de Italo Argentino Luder), a la deshonestidad (la corrupción estatal, a una escala que desconocíamos hasta entonces, nació con ese peronsita inmoral que fue Carlos Saul Menem), al golpismo (El peronista Eduardo Duhalde, vacunado VIPHDP, organizó el golpe institucional al gobierno de Fernando de la Rúa), a la codicia (recuerden el gesto orgásmico de Néstor Kirchner al abrazarse a una caja fuerte repelta de guita robada. ¡Extasis, Extasis! gritaba el depravado), al magnicidio y la cleptocracia (recuerden que Cristina Fernández está siendo investigada por el asesinato del fiscal Alberto Nisman y otras causas vinculadas a este magnicidio)

Pese a todo lo dicho, esta interminable galería de la infamia peronista estaba incompleta hasta ahora. En estos días se empezará a saber que el gobierno del peronista amoral, Alberto Fernández, dejó escapar, sin motivos explicados, una millonada de vacunas buenas que hoy nos hubieran permitido estar a salvo de la calamidad sanitaria que se avecina inexorable y letal.

Se está por caer el último velo que cubre el rostro más obsceno del peronismo: el genocidio. Los argentinos de bien tenemos que unirnos para forzar la renuncia de esta degeneración institucional.

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