El gran macho (menos) argentino

Por Virginia Canal

«Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja, como un aullido interminable, interminable” le informa Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999), escritor español, a su hija Julia en el poema que escribió para ella. Muchos hoy nos hacemos eco de esas palabras de Goytisolo y se la trasladamos al gran “macho argentino”, Alberto Fernández: lo hecho, hecho está y no hay retorno.

Sí, se lo decimos al mismísimo presidente que dictó entre 2020 y 2021 una serie de DNU compulsivos, apremiantes, coercitivos y asfixiantes para su pueblo, que lo confinaba a una cuarentena ridícula e inútil. Una cuarentena que fue un vendaval letal para el trabajo, para la educación, para la justicia, para la seguridad, para la salud, pero —sobre todo— para la vida de miles de coterráneos.

El mismísimo presidente de algunos argentinos, mientras ahogaba a propios y ajenos en el encierro, los amenazaba y perseguía con las enseñanzas impresas en la primera página del Manual del Pequeño Tirano… ¡expelió su estiércol sobre todos! Al mismo tiempo que se deterioraban las instituciones, que se fundían miles de empresas y de personas, y que la vida de los argentinos se ponía en jaque, el que dice ser abogado y presidente, violaba sus propias reglas durante un agasajo a su hembra (y vaya a saber en cuántas oportunidades más lo pudo haber hecho).

Alberto Fernández, el presidente, hoy explicó con la impunidad que lo caracteriza, con un pseudo arrepentimiento y con una compunción falsa como un hombre cuando habla de sí mismo (O. Wilde) que: “El 14 de julio Fabiola convocó a una reunión, a un brindis, que no debió haberse hecho. Me doy cuenta que no debió haberse hecho y lamento que haya ocurrido”. Lo paradójico de este discurso, y la doble moral que esconden estos dichos, es que quien los manifiesta es el mismo señor que avala y promueve enérgicamente el respeto hacia la mujer.

Y aquí demuestra precisamente lo contrario: le tiró la responsabilidad del muerto a la joven que lo acompaña. Bien a lo Judas…lavate las manos, campeón. Y en boca de macho, solo faltó que públicamente sostuviera: “Vos viste como son las minas”. El gran macho (menos) argentino quedó expuesto, se le borró el make up y mostró su cara sin los filtros de Instagram. El malote, ese que con el dedo acusador nos amedrentó por largos meses, que expandió el miedo, que fue cómplice de graves ilícitos —incluidas estas partuzas— nos mostró con su monólogo inconexo y misógino que de macho tiene menos que el gran Borges de vista (perdón maestro por traerlo a colación para demostrar lo que le falta al presidente de algunos argentinos)

¿Se dan cuenta? Culpó a la damisela por un acto que él mismo autorizó y del cual fue partícipe. Cobarde, eso es; es un gran capón el Sr. Presidente Y un “al margen de la ley” (gran Charly Nino, es imposible no tenerte siempre presente)…de sus propias leyes. Hágase responsable, gallina cascoteada. Reconozca que, además de patrañero, incumplió las normas y se burló del pueblo argentino sin contemplación alguna. Tenga la dignidad que hasta ahora le faltó y hágase cargo de los hechos, porque solo usted tenía la potestad para impedir el festejo de cumpleaños (en plena fase de clausura estricta) del ceviche que lo escolta. Un ceviche que terminó, no cocinado en ácidos de la lima peruana, sino en la parrilla de su comensal argentino. El gran macho salvado por el escudo de la hembra. Esta noche, no hay apareamiento en la Quinta de Olivos. Al menos no con la pobre Fiambrola ¡Cuidá la retaguardia, Dylan!

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