Afganistán: ¿qué le espera a una economía que depende en un 80% de donantes internacionales?

Todavía hay expectativa sobre qué harán los futuros dirigentes talibanes de un país que arrastra problemas económicos severos causados por dos décadas de guerra, corrupción, extrema sequía y, desde hace más de año y medio, Covid-19.

En Afganistán, los nuevos gobernantes talibanes enfrentan duros desafíos económicos. Y es que el país de 38 millones de habitantes de hoy es muy diferente al que dejaron hace 20 años, cuando gobernaron por última vez una nación agrícola pobre.

Los talibanes heredan ahora una sociedad más desarrollada, con una incipiente clase media y una gran cantidad de recursos naturales por aprovechar, que llevan décadas sin ser explotados debido, en gran parte, a la inseguridad.

La tasa de desempleo en Afganistán es de alrededor del 30% y el Banco Mundial estima que más de la mitad de la población vive en la pobreza. Naciones Unidas, por su parte, cree que aproximadamente un tercio de los habitantes no sabe si comerá todos los días.

Un territorio, inexplorado, rico en minerales

Afganistán tiene gran cantidad de recursos naturales sin explotar, que van desde cobre, oro, petróleo, gas natural, uranio, carbón, hierro, tierras raras y litio, hasta piedras preciosas, entre otros.

Sin embargo, ha sido difícil sacar provecho de ese potencial, ya que no cuenta con una buena infraestructura ni salida al mar. Pero eso no impide que países como China, Rusia, Irán o Turquía puedan mirarlo con ambición.

«Estamos hablando de litio, oro, gas, petróleo, incluso opio (…) Estas posibilidades dependen de que los talibanes renuncien a promover el extremismo islámico que preocupa enormemente, sobre todo a Rusia y China y en buena medida también depende de las concesiones que hagan en materia de derechos humanos, respecto de las mujeres y las minorías», dijo a France 24 Mauricio Jaramillo, el profesor de la Universidad del Rosario.

El experto internacionalista agregó que «en la medida en que hagan esas concesiones, es muy probable que empresas de Europa y Estados Unidos lleguen y ayuden a la explotación de esos minerales que para los afganos es muy difícil porque no cuentan con los recursos ni con la tecnología».

La economía afgana también es muy dependiente de la agricultura. Cuatro de cada diez trabajadores pertenece a este sector y seis de cada diez hogares obtiene algún ingreso del mismo. Pero bajo el escenario actual, la desesperación financiera se posa sobre la nación asiática.

Por un lado, hay quienes celebran que las tropas estadounidenses hayan abandonado su territorio y reclaman más independencia. Y otros más, están preocupados por si van a poder llenar sus platos de comida.

«Nuestro negocio se ha visto muy afectado. La gente no viene a comprar cosas. Puede que tengan miedo de salir o que no tengan dinero, pero nuestro negocio ha sufrido mucho. También hay muchos problemas con los servicios bancarios. El banco central está abierto, pero el resto de los bancos todavía están cerrados», asegura el comerciante Atal Rahmani.

Zolmay Alkozai, residente de Kabul, considera a su turno que «estamos muy contentos con el Emirato Islámico porque con la ayuda de Dios ha brindado seguridad hasta ahora, pero el problema es que el negocio ha bajado un poco. Espero que este problema se resuelva pronto».

Uno de los principales desafíos del mandato talibán será convencer a la comunidad internacional de sus buenas intenciones. No en vano, la financiación por medio de donantes representa cerca de un 80% del gasto, de acuerdo con el Banco Mundial.

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