El argentino pelotudo promedio

Por Carlos Zenozain

Siempre estuvieron presentes

A lo largo de la corta historia de nuestro país hemos sido testigos de triunfos y derrotas, de éxitos y fracasos, de alegrías y tristezas, pero lo que nunca cambió, sobre todo de principios de siglo XX en adelante, es la característica de un curioso personaje que ha pasado de generación en generación: el argentino pelotudo promedio

Este simpático pero histriónico personaje se puede encontrar en cualquier punto de nuestra extensa geografía, incluso en el extranjero, que es el que ocasiona que ciudadanos de otros países nos miren de reojo ante el comportamiento caricaturesco y poco protocolar de este individuo, siempre hablando a los gritos y tratando de llamar la atención.

El argentino pelotudo promedio opina de todo creyendo saber más que los demás, cuando en realidad sabe bastante menos que los demás. Hablan a los otros como si nadie tuviera idea de nada y ellos fueran los únicos lo suficientemente perspicaces como para descubrir las verdades del tema. Y tiene raíces psicológicas muy profundas.

El síndrome de Dunning Kruger

A saber, dicho comportamiento tiene una explicación científica. La relación entre estupidez y vanidad se ha descrito como el efecto Dunning-Kruger, según el cual las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son.

El fenómeno fue rigurosamente estudiado por Justin Krugger y David Dunning, psicólogos de la Universidad de Cornell en Nueva York, y publicado en 1999 en “The Journal of Personality and Social Psychology”.

Se basa en los siguientes principios:

1º. Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades.

2º. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás.

El estudio Dunning-Kruger, publicado en un paper académico concluyó que las personas incompetentes:

  • Se muestran incapaces de reconocer su propia incompetencia.
  • Tienden a no poder reconocer la competencia de otras personas.
  • No son conscientes de hasta qué punto son incompetentes en un ámbito.
  • Si aprenden y estudian serán capaces de reconocer su incompetencia previa.

Antes de que estos estudiosos lo demostraran científicamente, Charles Darwin ya había sentenciado que “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”. El problema de quien lo padece es que llegan a imponer sus ideas como verdaderas y hacen pasar a los demás por incompetentes o completos ignorantes.

Según Jennifer Delgado Suárez, psicóloga y fundadora del blog Rincón de la Psicología, estas personas comienzan a opinar sobre todo lo que escuchan y piensan que saben más que los demás.

El problema no se queda solo ahí, sino que llegan al grado de querer imponer sus ideas como verdades absolutas y llegando la mayoría de las veces al enojo, la discusión o el insulto en caso que lo contradigan. Es por ello que hacen pasar a los demás “por incompetentes o completos ignorantes, cuando en realidad no es así”.

Un mal generalizado

En la actualidad estos parámetros vienen justo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos pretendidos “expertos” en economía y política, que nos han llevado a donde estamos. Políticos, funcionarios, periodistas y hasta influencers opinan de todo sin saber de nada, creando una peligrosa tendencia en que sus seguidores toman al pie de la letra cada ‘verdad’ que sale de su boca sin siquiera analizarla.

Esto se puede encontrar día a día en cada situación mediática y en los argumentos de la mayoría de los que forman esta sociedad. El argentino pelotudo promedio siempre va a sentir qué él puede hacerlo mejor que la persona que llegó por sus propios méritos y de paso, sentirse dueño del logro colectivo y echarle la culpa al otro en caso de un rotundo fracaso.

Esto se vive más notoriamente cuando se realiza un mundial de futbol, en esos días somos todos directores técnicos o mejores que Messi, sin tener en cuenta el mérito, esfuerzo y sacrificio del protagonista y opinando tirados desde un sillón desde la comodidad de casa. El argentino pelotudo promedio es el que insulta al jugador mas exitoso de la historia por no ganar una Copa del Mundo “porque es un pecho frío, si yo hubiera estado en su lugar… sabes qué ?”

Este curioso personaje es experto en deportes, política, economía, es abogado, médico, infectólogo y, ahora en plena pandemia, es el que más sabe sobre Covid, cómo aplicar las vacunas y qué consecuencias trae inocularse una u otra. Opina de todo, se informa de nada e insulta a su interlocutor si éste tiene el atrevimiento de contraargumentarle alguna de sus teorías.

Son peligrosos para la sociedad

El peligro es que semejante pelotudo promedio incide en una elección por ejemplo, porque según ellos ningún candidato vale la pena, son todos inútiles por no saber todo lo que él sabe, eso sí, genera una total empatía por el candidato que se le parece, por el inútil puesto a dedo por alguien con una patología peor que la suya, y a ese termina votando, inclinando la balanza a favor del partido que mas representantes del argentino pelotudo promedio tiene (no hace falta aclarar cuál partido es el que lo representa en Argentina)

Es el fiel representante del voto castigo de agosto/octubre de 2019, porque según ellos ‘Macri aumentó todo y no me quedaba plata para irme de vacaciones, si yo hubiera estado en su lugar hubiera hecho esto, esto y esto’. Arreglando los problemas del país de la boca para afuera pero votando a los peores o a las colectoras de esos peores porque ‘ese Mauricio me falló, son todos iguales’ y con su irresponsabilidad (y patología sin tratar) pone en riesgo el sistema republicano.

La recurrente crisis económica, sanitaria, cultural y social de este país en estos últimos veinte meses no ha hecho sino acentuar la aparición de estos personajes, todos hablan, todos saben, todos opinan. Hasta se pudo ver en los programas de televisión que una vedette desafiaba sobre temas económicos a uno de los que mas sabe en la materia, Javier Milei. O a periodistas de grandes medios contradiciendo a expertos en medicina sobre la pandemia.

A todo esto le podemos agregar el resentimiento que el argentino pelotudo promedio le tiene a los exitosos, a los Marcos Galperín, a los Mateo Salvatto, a los Leo Messi, esperando una caída o una derrota de ellos para sentirse bien consigo mismo, ‘si yo no puedo ser exitoso que tampoco lo sean los demás’. Esa clase de argentino es que se está preparando para votar a fin de año, una vez más POPULISMO, porque lo ideal es ‘igualar para abajo, para no salir de mi zona de confort’.

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