Alberto a la deriva

Por Virginia Canal

“A la deriva” es un cuento del uruguayo Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, 1878 – Buenos Aires, 1937). Fue incluido en el libro Cuentos de amor, de locura y de muerte, publicado en 1917, y es considerada una de sus mejores obras. El tema medular del cuento es la lucha de un hombre por sobrevivir a la agonía acaecida tras la dentellada impiadosa de una víbora y a la arremetida imprevista de la muerte.

Durante esta postrimería, batalla exasperadamente por obtener unos soplos más de vida. Pero su verdugo fue implacable y ya nada puede hacer más que entregarse a los acontecimientos fortuitos. La historia se desarrolla en una pacífica zona selvática donde vive el protagonista con su familia. Un día cualquiera, una víbora muy ponzoñosa mordió el pie del hombre; a partir de ese instante todo cambia para él: la muerte se hizo presente y ensombreció lo que hasta ese momento era armonía.

Una simple mordedura y la existencia consagrada se convirtió en una circunstancia hostil y conclusiva. El final del hombre estaba escrito de antemano; indefenso, solitario y a la deriva con su canoa, murió antes de que sucediera su muerte física. Una vez mordido, ya no había tiempo para recuperar el turno preciso de las cosas, solo le quedaban los recuerdos y la despiadada realidad: “sintió que estaba helado hasta el pecho”. La extinción estaba cerca. A pesar de su intento vano de aferrarse a la vida, “el hombre estiró lentamente los dedos de la mano” y aquella se le esfumó.

Bien podemos decir que este cuento de Quiroga es una analogía futurista del efecto “PASO” 2021. 104 años pasaron desde la publicación de la obra del genial escritor uruguayo para que Alberto Fernández, presidente de algunos argentinos, se fuera a la deriva tras la mordedura de la infesta viperina Cristina Elizabet. Aquí van dos ejemplos de las consecuencias del picotazo de la víbora insumisa local al pie de Alberto: cambio de gabinete forzado, que desplazó a los aprendices de criminales y regresó a los profesionales de esencia proterva; además, la implementación de medidas económicas dirigidas más a la debacle general que a brindar soluciones efectivas y eficaces.

Pero lo mejor de todo estaba por venir: la flexibilización de las actividades económicas, sociales y culturales ¡¡¡La cura de la pandemia no era una vacuna…era el sufragio!!! Bien por el gobierno de científicos del régimen K; el mundo los aplaude y les agradece la invención. Resumiendo la coyuntura con el antecedente literario: un paso en falso y “El hombre pisó blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.”

La vida institucional del presidente está en su ocaso; libra en soledad, “a la deriva” y sin crédito alguno el combate más inoportuno contra el adefesio político argentino que lo mordisqueó sin piedad a la primera de cambio ¿Lo peligroso de materializarse esta defunción? La recuperación del mal radical encarnado en la figura de la vicepresidente y sus sectarios que se cristaliza en la capacidad perdurable que ostentan para ejecutar todas las más horrendas decisiones por la razón más conocida: corrupción.

PD: ¿Creen que el accionar de Cristina es para beneficio del pueblo? Me adelanto a diciembre y les digo ¡Que la inocencia les valga!

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