Elecciones 2021: el Gobierno sufrió otra amplia derrota, pero la presenta como un triunfo

Achicó a 1,3 puntos la diferencia en Buenos Aires, donde Santilli volvió a ganar; a nivel nacional cayó por 8 puntos y se queda sin mayoría en el Senado; Alberto Fernández llamó a “celebrar el triunfo” después de anunciar que convocará al diálogo a la oposición

El gobierno de Alberto Fernández frenó la hemorragia de votos, pero no pudo evitar otra derrota electoral contundente que redefine el mapa de poder de la Argentina. El Frente de Todos perdió el quorum propio en el Senado, quedó a 8,4 puntos de distancia de Juntos por el Cambio a nivel nacional y volvió a caer, aunque muy ajustadamente, en la estratégica provincia de Buenos Aires.

El repunte respecto de las PASO les dio oxígeno al Presidente y a sus aliados para presentar el resultado como un éxito. “El miércoles llenemos la Plaza de Mayo y celebremos este triunfo como corresponde”, dijo anoche Fernández en el búnker oficialista, rodeado de euforia.

Una hora antes había anunciado, con tono mesurado y en un mensaje grabado, que enviará al nuevo Congreso un proyecto de ley para consensuar un programa económico. Fue el primer indicio de que otra era comienza, con un gobierno que quiere reconstruir su gestión desde la debilidad.

Para esa primera aparición de la noche electoral, Fernández eligió la formalidad de la Casa Rosada y leyó cada palabra para no cometer errores. Se emitió a las 22, cuando los datos del escrutinio mantenían cierto misterio sobre el resultado en Buenos Aires. La clave de la mejora oficialista se centró en el conurbano, bastión principal del kirchnerismo.

De todos modos, la lista opositora que lideró Diego Santilli se impuso con el 39,8% de los votos contra 38,5% de la boleta encabezada por Victoria Tolosa Paz al cierre del escrutinio provisional. La superó por 112.000 votos.

Juntos por el Cambio ganó en 13 provincias, incluidas 6 de las 8 en las que se elegían senadores. Logró así reducir el bloque que responde a Cristina Kirchner de 41 a 35 bancas. Será primera vez en 38 años de democracia que el peronismo se pierde la mayoría propia en la Cámara alta.

Respecto de septiembre la distancia final se achicó apenas (de 9 a 8,4 puntos). El Frente de Todos cayó estrepitosamente contra la principal coalición opositora en la Ciudad de Buenos Aires (22 puntos abajo), Córdoba (44), Santa Fe (9), Mendoza (23) y Entre Ríos (23). Arañó un triunfo agónico en Tucumán, donde el jefe de Gabinete, Juan Manzur, temió una caída que hubiera sido dramática para su proyecto de poder personal. Un resultado de alto simbolismo se dio en Santa Cruz, donde el kirchnerismo quedó en tercer lugar.

Solo dos provincias cambiaban de signo respecto de las PASO: Chaco y Tierra del Fuego, que pasaron de Juntos por el Cambio al Frente de Todos.

En la Cámara de Diputados, a falta de confirmar algunas bancas inciertas, el oficialismo seguirá siendo la primera minoría, con 118 (2 menos). El mayor bloque opositor tendrá 116 (1 más que ahora). El escenario se vislumbra complicado para el Gobierno, ya que escasean los aliados posibles para alcanzar el quorum de 129. Los liberales irrumpen con fuerza, al incorporar dos bancas de la lista porteña de Javier Milei y tres bonaerenses de José Luis Espert (ambos crecieron respecto de las PASO y terminaron terceros en sus distritos). La izquierda crece de 2 a 4 bancas.

La magnitud de la derrota nacional no impidió que la coalición peronista montara una escena triunfalista en el búnker de Chacarita. Lanzados a jugar con las expectativas –y los temores a una catástrofe peor que en septiembre–, presentaron el repunte bonaerense como una victoria. La diferencia se achicó tres puntos respecto de las PASO. La lista de Tolosa Paz sumó casi 600.000 votos a su caudal de septiembre, mientras que Santilli añadió poco más de 300.000 en relación con lo que habían obtenido en las primarias su lista y la de Facundo Manes sumadas. La participación aumentó 5 puntos.

Sergio Massa y Axel Kicillof hablaron con tono de ganadores ante un público que saltaba y cantaba como en las noches de gloria. Y cuando le tocó hablar al Presidente llegó al extremo de convocar a una celebración “del triunfo” en la Plaza de Mayo. Aludía a la movilización que organiza la CGT para el Día de la Militancia, en una movida pensada de antemano para fortalecer a su gobierno en un momento crítico.

Cristina Kirchner había avisado después del cierre de los colegios electorales que no iba a asistir al acto del Frente de Todos por recomendación médica, vinculada a la operación ginecológica a la que se sometió hace 10 días.

El alivio del cristinismo
En su entorno se palpaba un alivio cercano a la euforia: se atribuían el mérito del repunte, atribuido a los cambios que la vicepresidenta impuso en el Gabinete y a las medidas de reparto de fondos dispuestas por el Poder Ejecutivo después de las PASO. El conurbano sigue siendo territorio kirchnerista, un dato para nada menor en la interna del peronismo, sobre todo cuando muchos de los gobernadores salieron heridos del proceso electoral. Tolosa Paz sacó 420.000 votos más en el Gran Buenos Aires que hace dos meses (Santilli añadió 192.000).

En La Matanza, después de la semana de conmoción por el crimen del kiosquero Roberto Sabo, el Frente de Todos amplió ligeramente la diferencia de 20 puntos. Y logró revertir municipios en los que había caído en las PASO, como Quilmes y San Martín. En la zona norte dio vuelta San Fernando, pero no pudo revertir la derrota en Tigre, la tierra de Massa.

En contraste, el interior bonaerense quedó abrumadoramente amarillo. Juntos por el Cambio ganó todos los partidos, salvo Mar Chiquita y Monte Hermoso.

La desconcertante puesta en escena del oficialismo aguó los festejos de Juntos por el Cambio. A sus dirigentes les costó ocultar que esperaban un resultado todavía más contundente después del sorpresivo impacto de las primarias.La desconcertante puesta en escena del oficialismo aguó los festejos de Juntos por el Cambio. A sus dirigentes les costó ocultar que esperaban un resultado todavía más contundente después del sorpresivo impacto de las primarias.

En Costa Salguero, María Eugenia Vidal dio el primer discurso de celebración por su victoria en la ciudad de Buenos Aires. Obtuvo 47 puntos –un porcentaje ligeramente menor que en septiembre– y superó por 22 al albertista Leandro Santoro. Milei quedó tercero, con 17 puntos.

“En los dos próximos años no nos va a temblar el pulso para frenar cualquier atropello. Hoy dimos un paso enorme. Sintamos nos aliviados y en paz después de tanta angustia”, dijo Vidal. Detrás de ella habló Horacio Rodríguez Larreta, principal artífice de la estrategia opositora en Capital y Buenos Aires: “Hicimos una elección histórica y les volvimos a ganar”. Ya debajo del escenario no pudo ocultar su sorpresa al enterarse que el Presidente presentaba el resultado como un triunfo. “Es inentendible”, se quejó.

Larreta sabe que se abre una etapa en la que la oposición deberá asumir un papel institucional mucho más relevante. Un gobierno débil y cercado por las urgencias económicas intentará trasladarle la responsabilidad de avalar el programa económico y la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para reprogramar el préstamo que pidió Mauricio Macri en 2018.

Fernández ya adelantó en su mensaje grabado que espera “acordar una agenda tan compartida como sea posible”. Tendió la mano sin privarse de atribuirle a la oposición la culpa por las flaquezas de la economía actual. “Queremos mirar hacia adelante, pero eso no debe conducirnos a un olvido”, dijo.

Los líderes opositores ya le dijeron que si el Gobierno quiere diálogo deberá mandar una propuesta por escrito al Congreso. El Presidente ya adelantó que así lo hará con el programa económico que está negociando con el FMI.

No dio pistas de su contenido. Solo dijo que es un “ordenamiento de las cuentas del Estado, pero jamás a costa del ajuste del gasto”. Aclaró explícitamente que en ese objetivo lo acompaña Cristina Kirchner. Y se preocupó por ratificar a Martín Guzmán como ministro de Economía.

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