Para combatir la manipulación populista-kirchnerista hay que usar el ¡CEREBRO!

Por Virginia Canal

Es importante que nos reconozcamos como seres perceptivos y emocionales; también como racionalizadores y, en algunas circunstancias muy concretas, racionales. Este auto reconocimiento nos permitirá —salvo a un obtuso y ardoroso sectario— observar la voluminosa cantidad de señales que nos advierten sobre la lucha que se da en las arenas políticas por el control social, la intervención de la propiedad privada y la restricción de la libertad individual que envicia al populismo.

Si accedemos confiados a someternos a una mentalidad gubernativa uniforme, de clara conducción hegemónica y basada en la coerción y en el engaño, sin otros intereses y proyectos más que los particulares de algunos líderes políticos, le daremos la bienvenida a una monarquía con innegables tendencias totalitarias…difícil de eliminar una vez instalada. Ahora bien, quien niegue estar en la Argentina de HOY frente a reclutadores extremistas de mentes, y no tenga la habilidad de evadir la invasión subconsciente que logran los traductores de la maldad, será susceptible de ser influenciado por el hackeo mental nefasto que emplea el gobierno kirchnerista para mantener a la población en un estado pasivo y sumiso.

El kirchnerismo, si se puede definir de una forma que no implique improperios, es el arte de la persuasión siniestra. Su táctica —de manual— es engañar el lado izquierdo del cerebro, ese lateral analítico de sus votantes para mantenerlo ocupado, desatento y sin chance de que se enfoque en prender la mecha del lado derecho donde se activa la perspicacia, la sagacidad, la intuición y la creatividad. Por consiguiente, el interrogante es: ¿por qué está el kirchnerismo tan fascinado en hackear las mentes de las masas?

Bueno, la respuesta es bastante sencilla y desde el 2003 se viene revelando: busca el dominio absoluto del país y de sus habitantes para hacer y deshacer a sus anchas y a sus largas. En el año 2000, Harvard R. Putnam publicó Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community. En este libro señala que el país (haciendo alusión a EEUU, pero bien lo podemos hacer extensivo a nuestro país) era pasible de ser destruido por la sobreabundancia de distracciones y de perversas manipulaciones. La manipulación no es el único rasgo de la mentalidad populista kirchnerista.

Tiene este régimen otra característica que lo distingue: el culpar de todos los males a otros (a los ricos, al capitalismo, a otra ideología, y la lista sigue). Difícilmente un populista se haga cargo de sus propios fracasos ¿Escucharon alguna vez a la abogada exitosa o al cuasi presidente de algunos argentinos responsabilizarse por sus acciones? Un gobierno populista, entonces, manipula y fomenta —aunque lo niegue y lo oculte— el complejo de víctimas, el odio de clases y el resentimiento en contra de algún hipotético enemigo interno o externo. Y se presenta como el único salvador que extinguirá a las oligarquías y a los intereses capitalistas.

El populismo kirchnerista y sus propuestas refundacionales del Estado y la sociedad son delirios cuyos altos costos los pagamos todos. Mientras ellos se codean con el lujo, fabrican miseria extrema para otros quienes, incluso, creen que estos manipuladores obran para y por el pueblo. Entonces, sabiéndonos predispuestos a ser víctimas de tácticas políticas engañosas y falsos estereotipos para controlarnos: ¡detengámonos, pensemos! Ya Simón Bolívar en el Manifiesto de Cartagena previno que vivimos dominados más por el engaño que por la fuerza.

Si queremos recuperar a la Argentina, es tiempo de guillotinar a la manipulación kirchnerista, de derrumbar esas historias repletas de mentiras y falacias contadas por este gobierno populista con el objetivo de legitimar su proyecto ideológico criminal por el cual busca concentrar el poder en unas pocas manos (en una única mano en realidad). Afortunadamente, el revés que ha sufrido el kirchnerismo tras la derrota electoral de noviembre, nos da algo de esperanza.

Sin embargo, para que el ciclo más infecto e inmoral de la historia argentina llegue a su fin y no regrese, es imprescindible cambiar el sentido de las ideas y dirigirse hacia el propósito de un patrimonio y bienestar común. De lo contrario, volveremos a caer en la manipulación populista y sus angustiosas consecuencias. Saquear el patrimonio de los pueblos es atracar su dignidad y desfalcar su orgullo. Por eso hoy nos debe motivar la lucha y la esperanza de terminar con el calvario mendaz, sofista e impostor del populismo kirchenrista.

PD: Les dejo una señal de fe: gracias a la capacidad de transformación que tiene el cerebro (neuroplasticidad), se lo puede educar para que se comporte de una manera más civilizada, más previsora, menos corrupta y menos fanática. A usar el cerebro triuno, que no está solo para sumarnos un kilo y medio.

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