Cavallo, 20 años después del 2001: “Duhalde y Alfonsín fueron instrumentos del lobby pesificador y devaluador”

El ex ministro de Economía afirma frente a Infobae que hubo “un golpe institucional” y que hoy la situación es mucho peor: “Hace 10 años que estamos en estanflación”

Veinte años después de que lo forzaran a renunciar como ministro de Economía, Domingo Cavallo está convencido de que “la estrategia de pedir mi renuncia era para provocar la caída del gobierno de (Fernando) De la Rúa. Porque, obviamente, en esos últimos meses las decisiones que tomaba De la Rúa eran en base a mi consejo. Y yo era el que estaba llevando las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional e incluso con los diferentes dirigentes políticos”.

Cavallo apunta a dos de los principales políticos, uno peronista y otro radical, ambos bonaerenses: Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín: “Sin dudas que ellos dos, Duhalde, pero con apoyo de Alfonsín, pero fundamentalmente instrumentados por el lobby pesificador y devaluador de la Argentina, impulsaron o vieron con buenos ojos que el gobierno de De la Rúa terminara como terminó”.

“Fue un golpe institucional”, sostiene. “Comenzó en realidad en la provincia de Buenos Aires porque el gran desequilibrio fiscal y el problema de endeudamiento que había en ese momento tenían mucho que ver con el mal manejo que había hecho precisamente Duhalde en la provincia de Buenos Aires. Y lamentablemente la actitud también del radicalismo de la provincia de Buenos Aires hacía muy difícil equilibrar las cuentas en Buenos Aires”.

En su opinión, hoy, veinte años después, estamos “mucho peor porque la crisis del 2001 fue una crisis de circunstancias internacionales desfavorables, de exceso de gastos de las provincias y de endeudamiento de las provincias, que había creado un problema fiscal que generó una crisis financiera, pero la economía estaba bien organizada; era una economía que no tenía inflación, era una economía que estaba bien capitalizada, había ahorros privados y públicos disponibles para financiar futuras inversiones cuando se normalizara la situación. Hoy es terrible la situación en la que estamos porque se ha reinstalado la inflación, que es un problema muy grave. Y para colmo una inflación acompañada por recesiones sucesivas y estancamiento de la economía. Hace 10 años que estamos con una estanflación que cada vez se va agravando más”.

Cavallo afirma que, antes de que se desatara la gran crisis de diciembre del 2001, también él fue tentado por “un grupo de grandes endeudados en dólares” que propiciaban la devaluación y la pesificación de la economía: “Venían a hablar conmigo y me proponían eso, y yo los sacaba vendiendo almanaques porque yo veía que eso perjudicaba tremendamente a toda la población, a los jubilados, a los trabajadores públicos/privados, y que iba a producir un aumento de la pobreza y una mayor recesión”.

Cavallo, un economista cordobés que había creado en 1991 un plan llamado Convertibilidad, que anclaba la economía nacional al dólar, asegura que en marzo de 2001, cuando volvió al ministerio de Economía, todavía era posible evitar la devaluación y, más aún, la pesificación, a pesar de los problemas de recesión, desempleo y pobreza que se verificaban desde hacía tres años por lo menos: “Sabía que había habido problemas, sobre todo desajustes fiscales, y además estábamos en una coyuntura internacional muy, muy desfavorable, pero yo entendía que con un trabajo adecuado con la dirigencia argentina podíamos salir adelante”.

—Vamos directo al día de su renuncia: el jueves 20 de diciembre de 2001 a la madrugada, trascendió que usted había renunciado. ‘Recuerda aquel momento?

—Era la una de la mañana. Yo había visto por televisión que habían anunciado mi renuncia ahí frente a la gente que estaba en la Plaza de Mayo. Creo que lo hicieron pensando que eso llevaba a que la gente se dispersara. Y yo lo llamé al Presidente, que estaba en Olivos y me dijo: “No, no, de ninguna manera. Yo necesito que me sigas acompañando. Son momentos difíciles”. Yo dije: “Bueno, avisame qué es lo que querés que haga”. Después a eso de las 6:30, 7 de la mañana, me llamó Armando Caro Figueroa, que estaba estrechamente ligado a mí, era el vicejefe de Gabinete, y me dice que, lamentablemente, habían concluido que yo tenía que renunciar. Se ve que el Presidente le había dicho que me llamara. Yo presenté la renuncia y, como había mucha gente abajo en mi casa, logré salir con el auto sin que me vieran y fui a la casa de un amigo en un country y ahí me quedé. Había un montón de noticias ese día de que la gente iba a avanzar sobre los countries y sobre otros lugares de la ciudad. Yo seguí los acontecimientos desde ahí.

—Usted se había convertido en el símbolo de la crisis.

—Yo creo que la estrategia de pedir mi renuncia era para provocar la caída del gobierno de De la Rúa. Porque, obviamente, en esos últimos meses las decisiones que tomaba De la Rúa eran en base a mi consejo. Y yo era el que estaba llevando las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional e incluso con los diferentes dirigentes políticos. Yo me había reunido con Duhalde, con Alfonsín, con De la Sota, con Reutemann, con Menem, explicándoles la importancia de que apoyaran las negociaciones que estábamos haciendo. Les explicaba que el problema central que teníamos era un problema de deuda pública, que habíamos perdido totalmente el crédito, que había que reestructurarla y ya estábamos logrando reestructurar más del 50% con una gran reducción en el costo de intereses, en particular la deuda que tenían las provincias, y también con alargamiento de tres años de todos los plazos de vencimientos. Que solamente nos faltaba hacer una oferta a todos los acreedores que estaban en el exterior, pero que teníamos muy bien preparado un canje de deuda porque habíamos conseguido una cantidad suficiente de bonos ya en manos del Estado que habían sido canjeados para imponer un sistema que se llama Cláusula de Salida Consentida, que iba a obligar a todos los acreedores a presentarse y conceder reducciones de tasa de interés y alargamiento de plazos. Como lo habíamos logrado para los tenedores de bonos aquí en Argentina. En definitiva, estábamos a punto de resolver el problema. Además, eso iba a significar el desembolso pendiente que nos había demorado el Fondo Monetario Internacional, la rehabilitación de un programa que imprudentemente Horst Köhler había anunciado que suspendía, y con esos fondos, íbamos a poder abrir el corralito, y la economía hubiera seguido funcionando normalmente y se hubiera recuperado. Todo esto yo se los explicaba.

—¿Y qué decían ellos?

—Bueno, depende de quién sean ellos. Por ejemplo, Reutemann, De la Sota, Rodríguez Saá, Puerta, todos estaban en actitud de apoyar. Menem también. El que ponía cara de yo no entiendo era Duhalde. Y Alfonsín, yo creo que Alfonsín gozaba con la idea de que todo terminara mal porque yo creo que psicológicamente él pensaba que su gobierno había terminado muy mal y que, en realidad, lo que estaba pasando demostraba que la política de Menem y de la década de los 90, que según él había sido continuada por De la Rúa por equivocación, también estaba terminando muy mal. Y yo creo que a él le parecía bien que terminara mal. No es que yo consideré que él tenía malas intenciones, sino que es una cuestión del posicionamiento psicológico de él.

—La respuesta que usted me hace surgir una imagen: Alfonsín autor intelectual de la caída de De la Rúa, Duhalde autor material.

—No, yo creo que los actores intelectuales de la caída de De la Rúa fueron los que impulsaban la pesificación. Que después la consiguieron con Duhalde. Ya hacía bastante tiempo que, De Mendiguren como vocero, pero un grupo de grandes endeudados en dólares incluso iban a Washington y hablaban con los funcionarios internacionales y decía, obviamente, que Argentina necesitaba devaluar, pero la devaluación les agravaba el problema de endeudamiento. Entonces empezaron a pensar en la pesificación forzosa de la economía. Venían a hablar conmigo y me proponían eso, y yo los sacaba vendiendo almanaques porque yo veía que eso perjudicaba tremendamente a toda la población, a los jubilados, a los trabajadores públicos/privados, y que iba a producir un aumento de la pobreza y una mayor recesión. Ya veníamos con tres años prácticamente de recesión, íbamos a agravar totalmente la situación.

-¿No era necesaria una devaluación?

-La devaluación teóricamente no iba a corregir ningún problema, iba a agravarlos. Toda la situación financiera se iba a poner más complicada. Pero no, ellos siguieron insistiendo. Yo creo que lo trabajaron fundamentalmente a Duhalde, que con esa teoría que él tenía de la revolución productiva en contra de lo que llamaba la patria financiera creía que por esa vía iba a haber una solución. Por supuesto, no convencían a ningún otro dirigente. Me acuerdo por ejemplo Rodríguez Saá o Puerta o el mismo Ruckauf: nadie se convencía de que eso que proponía De Mendiguren y la Unión Industrial iba a ser una solución. Iba a agravar todo. Yo creo que a Alfonsín nunca le explicaron eso. Alfonsín tenía la idea que él había expresado muchas veces de que un poco de inflación era bueno; representaba ese pensamiento, que es muy arraigado en Argentina, de que la inflación resuelve problemas. La inflación lo único que hace es agravar los problemas. Yo no creo que Alfonsín haya sido el autor intelectual. No, de ninguna manera. Bueno, pero sin dudas que ellos dos, Duhalde pero con apoyo de Alfonsín, pero fundamentalmente instrumentados por el lobby pesificador y devaluador de la Argentina, impulsaron o vieron con buenos ojos que el gobierno de De la Rúa terminara como terminó. Por eso insistían en que me fuera yo del gobierno; ya sabían que, si me iba yo del gobierno, prácticamente el gobierno se iba a caer.

—Usted cree entonces que hubo un golpe institucional.

—Sí, sin dudas. Fue un golpe institucional. Fue un golpe institucional. Mire: comenzó en realidad en la provincia de Buenos Aires porque el gran desequilibrio fiscal y el problema de endeudamiento que había en ese momento tenían mucho que ver con el mal manejo que había hecho precisamente Duhalde en la provincia de Buenos Aires, que había acumulado un déficit tremendo, se había endeudado con el Banco Provincia, se había visto obligado a emitir cuasi dineros y a endeudarse mucho, y le había dejado una situación muy, muy delicada a Ruckauf. Pero también al gobierno nacional porque la provincia de Buenos Aires es tan importante. Y lamentablemente la actitud del radicalismo hacía muy difícil equilibrar las cuentas, que era algo indispensable para avanzar hacia una solución. A punto tal que las modificaciones de leyes a las que se había comprometido de una manera constructiva Ruckauf tuvieron que demorar hasta el 10 de diciembre de 2001 porque recién ahí cambiaba la composición de la Legislatura y se reducía la participación de los radicales que hasta ese momento tenían mayoría. Por supuesto, cuando empezaron a discutir esas leyes los empleados públicos de Buenos Aires rodearon la Legislatura y promovieron disturbios y protestas. Yo creo que ahí Ruckauf, y posiblemente algunos intendentes del Conurbano, se sacaron de encima a esos manifestantes mandándolos hacia la ciudad de Buenos Aires. Creo que a partir de ahí se empezaron a generar las columnas que decidieron venir a la ciudad. Y yo siempre tuve la sospecha, nunca la voy a poder probar, había unos videos que lo demostraban, que la policía de la provincia de Buenos Aires se cruzaba de brazos y facilitaba la acción de los que salían de las columnas y entraban a asaltar a los supermercados chinos. Para mí, el secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, que después fue secretario de Seguridad del gobierno de Duhalde, realmente estuvo detrás de la promoción de todos estos disturbios. Ya ni me acuerdo cómo se llama.

—Juan José Álvarez.

—Juan José Álvarez, sí.

—Vamos unos meses hacía atrás. Usted se incorpora al gobierno el 20 de marzo de 2021. Ya había desempleo, pobreza, recesión. ¿Se podía salir de esa situación sin devaluar?

— Sí, por supuesto. Primero, habíamos tenido el 18% de desempleo en la Crisis del Tequila también. Y con las políticas laborales que implementó Armando Caro Figueroa lo habíamos logrado bajar; yo ya no estaba en el gobierno, pero se había bajado a 12%. Recesión: por supuesto, las recesiones comienzan, pero también terminan. La recesión tenía que ver fundamentalmente por la coyuntura internacional y cómo estaba golpeando al país y a la región. Pero eso no se arreglaba con una devaluación, eso requería que cambiará la coyuntura internacional. Que cambió, a mediados del 2002 empezaron a subir los precios de la soja y de los productos y se empezó a debilitar el dólar que había estado demasiado fuerte en esos años. O sea que había soluciones. Además, la economía estaba muy bien capitalizada, se había modernizado mucho, había mejorado muchísimo la infraestructura. Las reglas de juego de la economía eran buenas. No había inflación, al contrario, había deflación, que era un problema, pero no tan grave como la inflación descontrolada.

—Es decir, ¿usted pensaba que podía haber una salida que no fuera una brusca devaluación?

—Yo realmente veía que estábamos en una situación muy, muy crítica. Yo tenía confianza en De la Rúa, a quien conocía desde mucho tiempo atrás, éramos amigos. Y no quería que fracasará el gobierno y que fracasará el país, que se abandonaran todos los refuerzos que habíamos hecho para sacar al país de la hiperinflación, para estabilizarlo, para modernizar su economía. Sabía que había habido problemas, sobre todo desajustes fiscales, y además estábamos en una coyuntura internacional muy, muy desfavorable. Los precios de nuestros productos de exportación estaban por el suelo, pero yo entendía que con un trabajo adecuado con la dirigencia argentina podíamos salir adelante. En los tres primeros meses: abril, mayo, junio del 2001, con la negociación de los planes de competitividad logramos involucrar a los gremios, a los empresarios de los distintos sectores y se produjo una cierta reactivación de la economía. También cumplimos con las metas fiscales acumuladas hasta el 30 de junio, que no habían podido ser cumplidas hasta el 30 de marzo, por eso había tenido que renunciar José Luis Machinea. O sea, los primeros tres meses fueron de un clima adecuado. Pero a partir de julio saltó la crisis de la provincia de Buenos Aires.

-Cuénteme.

-La provincia de Buenos Aires tenía un montón de vencimientos en los bancos. No tenía cómo afrontarlos. Y esa crisis asustó a prácticamente todo el sistema bancario y a los bancos que eran los acreedores. También los grandes depositantes en el sistema bancario identificaron a los bancos que tenían préstamos a la provincia de Buenos Aires y empezaron a retirar los depósitos. Yo quería evitar la crisis de la provincia porque se iba a extender además a todo el país, y ahí trabajamos en forma relativamente constructiva con Ruckauf y sobre todo con quien era presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, una persona muy seria que había sido secretario de Hacienda mío, Ricardo Gutiérrez. Incluso conseguimos apoyo del Fondo Monetario Internacional, aunque condicionado a que reestructuráramos la deuda. Todo eso anduvo más o menos bien hasta el 11 de septiembre, cuando se produce el ataque a las Torres Gemelas y ahí el gobierno de Estados Unidos ya no prestaron atención a los problemas nuestros ni de América del Sur. La vicedirectora del Fondo, Anne Krueger, tuvo la voluntad de encontrar una solución al problema de la reestructuración de la deuda, pero como toda persona muy estructurada pensaba que había que crear un sistema general de reestructuración de deuda soberana. Yo traté de convencerla de que primero encontráramos la forma de reestructurar la deuda de Argentina y, eventualmente, la de Turquía, y con eso se hiciera experiencia. Ella planteó que había que crear un sistema que debía aprobar no la comunidad internacional. Pero a nosotros no nos ayudaba para nada.

—Hubo un almuerzo muy difícil el 7 de diciembre en Nueva York.

—Sí.

—Con la cúpula del Fondo ¿no?

—Así es.

— Donde usted les dijo que de esta manera estaban condenando a la Argentina.

—Les dije con todas las letras: “Nos van a hacer colgar en la Plaza de Mayo ustedes con estas cosas que están haciendo”. Anne Krueger sacó un papelito porque era consciente de que ella había cometido un error en una conferencia de prensa el 23 de noviembre sobre el sistema de reestructuración de deuda soberana. Había dicho: “No se aplica a Argentina”. Pero lo primero que agregó fue: “Un país que va a reestructurar su deuda lo primero que tiene que hacer es poner controles de cambio”. Cuando una economía está dolarizada, como lo estaba la nuestra, controles de cambio significa que no se pueden entregar billetes de dólares de los bancos. O sea que esa decisión nos obligó a poner el corralito porque empezó a haber una corrida contra los dólares que estaban en el sistema bancario. Y entonces el otro, el director gerente del Fondo, Horst Köhler, tomó la excusa del corralito para terminar el programa, pero había sido algo que nos obligaron a hacer ellos.

—El miércoles 19 de diciembre dirigentes radicales fueron a la Casa Rosada a pedir su renuncia. Usted estaba reunido con el Presidente.

—Sí. Se venía prácticamente todo el Comité Nacional del radicalismo, presidido por Alfonsín, para la Casa Rosada. De la Rúa me dice: “Quedate, los voy a recibir con vos”. Estaban, me acuerdo bien, Alfonsín, (Carlos) Maestro y varios otros dirigentes radicales, estaba también (Leopoldo) Moreau, que era el que más había hecho para deteriorar la imagen del gobierno y a De la Rúa; iban a pedir mi renuncia. En vez de colaborar para sacar el presupuesto, vinieron a pedir mi renuncia. Pero no se animaron porque estaba yo al lado de De la Rúa. Entonces pidieron la renuncia de todo el gabinete.

—¿Qué hizo De la Rúa?

—De la Rúa me dijo: “Explicales la posición en la que estamos”. Yo les expliqué todo esto, lo mismo que estoy explicando ahora: que estábamos a un punto de terminar la reestructuración de la deuda, que al corralito lo íbamos a poder levantar tan pronto el Fondo nos desembolsara lo que estaba pendiente. Miraban y no decían nada. Se fueron y me acuerdo que venían las noticias de que las columnas marchaban hacia Buenos Aires y De la Rúa habló por teléfono con Ruckauf y este le sugirió que declarara el estado de sitio para que pudieran detenerlas. De la Rúa se puso a redactar el decreto de estado de sitio. Buscaba los antecedentes de Alfonsín cuando había declarado el estado de sitio. En ese sentido De la Rúa era muy formalista y, si iba a tomar esa decisión, buscaba los argumentos, los fundamentos. Después de redactar el decreto de estado de sitio, decidió hacer un discurso por cadena nacional diciéndole a la gente que por favor mantuviera la calma. Vi cuando estaba grabando el discurso y decidí irme a mi casa.

—¿Qué paso luego, en su departamento del barrio de Palermo?

—Cuando llegué, al ratito se empezó a juntar gente en el edificio de mi departamento y, por supuesto, estaban todos los vecinos alterados. Mis custodios avisaron que nos quedáramos tranquilos, que ellos estaban protegiendo. Lo llamé al ministro del Interior, pero estaban sobrepasados, obviamente, ya se había acumulado muchísima gente en la Plaza de Mayo. Yo me quedé en mi casa y miraba por la televisión lo que estaba pasando. Ellos creían que el 20 con mi renuncia todo se iba a calmar, y el 20 fue mucho peor que el 19. Ahí apareció todo el tema de los muertos en Plaza de Mayo. Además Maestro, que era el jefe del bloque de senadores del radicalismo, y (Horacio) Pernasetti, el jefe del bloque radical en Diputados, le dijeron que tenía que renunciar. Yo creo que fue realmente un golpe institucional. Y que la motivación era la pesificación lo prueban los hechos siguientes.

—Por lo que dice fue peor hacia De la Rúa la actitud del radicalismo que la del peronismo.

—Bueno, una parte del radicalismo lo boicoteó a De la Rúa. También lo había boicoteado “Chacho” Álvarez cuando presentó su renuncia. Álvarez venía y hablaba conmigo porque él quería que yo me incorporara al gobierno. Incluso. cuando yo finalmente estaba dispuesto a incorporarme en el medio de la crisis, le propuse a De la Rúa que lo volviera al gobierno a Álvarez como jefe de Gabinete. Pero ahí los radicales se opusieron porque lo odiaban. Estaban peleados no con todo el Frepaso porque Graciela Fernández Meijide tenía una actitud muy positiva. Pero “Chacho” Álvarez había sido en realidad muy irresponsable.

—Y ahí llegan las renuncias…

—Con relación a los radicales, la mitad de los ministros y secretarios del radicalismo le renunció a De la Rúa cuando nombraron a (Ricardo) López Murphy en Economía. En realidad, De la Rúa pensó que yo podía ser jefe de Gabinete. Tenía un jefe de Gabinete que le era totalmente desleal que era (Chrystian) Colombo. Mi idea era mantenerlo a López Murphy como ministro. Además, tenía una muy buena ministra de Seguridad Social, que era Patricia Bullrich. Tenía buenos elementos en el gabinete. Pero, ¿qué ocurrió? Los radicales querían que yo fuera ministro de Economía y mantener a Colombo como jefe de Gabinete. Ahí yo me equivoqué porque tendría que haber advertido que era una trampa; que los radicales, que a mí me odiaban, y querían en realidad voltearlo a De la Rúa. Obviamente que el radicalismo jugó muy mal hacia De la Rúa. No sólo… Por ejemplo, otra gran desestabilizadora, lamentablemente, en ese período fue la señora (Lilita) Carrió, que era radical.

— ¿Por qué dice eso?

—Y porque ella había empezado a atacar al Banco de Galicia y a los bancos en general y se había enredado en eso de que había habido una gran fuga de capitales promovida por los bancos. Trajo unas cajas del Senado de Estados Unidos que según ella tenían la matriz de la corrupción. Y todo eso contribuyó a la sensación de inestabilidad financiera. Y era una dirigente del partido radical. ¡Para qué decirle Leopoldo Moreau! Leopoldo Moreau era tremendo como trabajaba en contra del gobierno de De la Rúa.

—A veinte años de aquella crisis, ¿estamos mejor o peor?

— Mucho peor. Mucho peor. Mucho peor porque la crisis del 2001 fue una crisis de circunstancias internacionales desfavorables, de exceso de gastos de las provincias y de endeudamiento de las provincias, que había creado un problema fiscal que generó una crisis financiera, pero la economía estaba bien organizada; era una economía que no tenía inflación, era una economía que estaba bien capitalizada, había ahorros privados y públicos disponibles para financiar futuras inversiones cuando se normalizara la situación. Es decir, no estábamos en una situación de desorganización económica.

—¿Y hoy lo estamos?

—Hoy es terrible la situación en la que estamos porque se ha reinstalado la inflación, que es un problema muy grave. Y para colmo una inflación acompañada por recesiones sucesivas y estancamiento de la economía. Hace 10 años que estamos con una estanflación que cada vez se va agravando más. Salir de una estanflación es mucho más complicado. Además, la economía tiene muchos cuellos de botella porque no se han hecho inversiones como deberían haberse hecho, como se hicieron en los 90. Se utilizaron todos los ahorros públicos y privados y ahora no hay ahorros, los únicos ahorros que hay es de los argentinos que están en el exterior porque la gente no confía en la moneda y en las instituciones financieras ni en los contratos dentro de la Argentina. Se desalentó la inversión con todas las medidas que tomaron de estatizaciones, expropiaciones y congelamientos de tarifas de los servicios públicos. Hay un montón de controles de precios que distorsionan el funcionamiento de los mercados. Y usted hablaba de desocupación; en aquel momento teníamos 18%, es cierto, hoy quizás la desocupación formal sea un poco menor, pero hay una gran cantidad de gente que lisa y llanamente no busca trabajo porque sabe que no lo va a conseguir. La pobreza es mucho más alta que en aquella época. En realidad, la pobreza que hoy tenemos fue la pobreza que se produjo en el año 2002 como consecuencia de la pesificación y de la brutal devaluación. Los salarios no estaban bajos, los salarios bajaron tremendamente por la devaluación en el 2002. Después dijeron que la economía se recuperó. Claro, imagínese: si usted provoca una tremenda caída de los salarios y aumenta la pobreza y la desocupación con un golpe devaluatorio e inflacionario, después en algún momento obviamente va a haber recuperación; sobre todo si mejoran los precios de los productos de exportación como mejoraron. Pero la economía comenzó a desorganizarse y hoy está desorganizada al máximo.

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