El gran farsante

Por Virginia Canal

“Oh yes, I’m the great pretender. Pretending that I’m going well. My need is such; I pretend too much- I’m lonely but no one can tell. Oh yes, I’m the great pretender. A drift in a world of my own. I play the game; but to my real shame…Oh, yes I’m the great pretender. Just laughing and gay like a clown. I seem to be what I’m not; you see…”. The great pretender suena soberbiamente en el grupo musical norteamericano The Platters. En Argentina, por supuesto, semejante éxito no podía ser omitido y fue versionado por “el gran farsante”, Alberto Fernández, presidente de algunos argentinos.

Repasemos a modo de balance que arroja en su saldo más sombras que luces, y sin entrar en detalles, otro pésimo año de administración K (La F no existe): la continuidad de la cuarentena más larga e inútil del mundo; una conducción necia e impotente de la pandemia; el atroz vacunatorio vip; las partuzas y los cumpleaños de Olivos; la economía paralizada; la educación devastada; el sistema de salud arrollado; un Poder Judicial oprimido; derechos de los ciudadanos sujetados al arbitrio de un par de profanos; los delincuentes libres y los inocentes confinados; las dictaduras más sanguinarias apoyadas; la fractura social que consiguieron generando miedo; resoluciones risibles que limitan libertades; la cultura fenecida por la hipocresía de los intelectuales progres; la moral, la ética y los escrúpulos aplastados; y, lo más punzante, las muertes causadas por la doctrina populista (tanto por el faltante de vacunas como por represión policial).

La realidad se resume en un 2021 (al igual que su predecesor) en el que el gobierno del “the great pretender ” criollo destinó sus esfuerzos en PROHIBIR, PRESIONAR y ESCLAVIZAR a la población mientras falsificaba el crimen a la luz del slogan berreta del “Estado te cuida”. Solo se salvaron los ilustres e incondicionales que son parte de la secta y que gozan de la salud que otorgan las condiciones de privilegio. No obstante las tragedias antes aludidas, se puede encontrar algo positivo: el gran farsante y su alter ego en formato femenino ya no tienen modo de adulterar sus ansias de poder ilimitado, ni el éxtasis que le brota por los poros cuando consiguen beneficios personales con el producido de la corrupción. Son tan cínicos que manipulan los hechos para que el tonto crea que lo aterrador es adorable y lo demolido es crecimiento. Otro año para NO OLVIDAR. Las mismas caras farsantes para DESENMASCARAR. Circunstancias para RECORDAR y NO PERDONAR.

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