Los K y los perfiles falsos

Por Virginia Canal

“No es posible hacer entrar en razón a quien piensa de forma automática”, profesaba la filósofa objetivista y escritora estadounidense Ayn Rand (Alisa Zinóvievna Rosenbaum). Y pues claro estimada Ayn, no lo intentaremos en Argentina ni con los K ni con la ¿oposición? Es lisa y llanamente una misión imposible intentar convencer al progre de sus faltas e injusticias. En una sociedad donde todo está en venta, siguiendo la línea trazada por Michael Sandel, es fácil reconocer el motivo por el cual equiparan la balanza de la mugre el oficialismo y una gran parte de la oposición: la quintita propia. Donde todas las cosas se compran y se venden, tener poder –y dinero- marca la diferencia.

Que las cosas tengan un precio significa que pueden ser corrompidas. Y las palomitas de la oposición –casi haciendo copy paste de las “astucias” k- lo expusieron significativa y repulsivamente a unos pocos días de una supuesta renovación de aires (¿acondicionados?) en las respectivas Cámaras de Diputados y Senadores: parlamentarios que se van a viajar por el mundo cuando se los necesita en el campo de batalla, otros que habilitan el quórum para tratar las locuras impositivas del oficialismo, algunos que permiten la re re re re re re re re re elección de los intendentes. A ello se suman los gobernadores que colaboran con consensos fiscales inexplicables.

La divergencia entre lo que sucede en realidad y la versión de lo que acaece es una descomunal zona gris que la política “de mentirita” maneja con precisión. En esa zona hay convenciones sociales, legales y morales (inmorales, en realidad), restricciones y compensaciones; y no hace falta explicar cuáles predominan en los progres, basta con una recorrida rápida al periódico online. Lo dicho se traduce en las ganas de vender un voto, por un lado, y los deseos de comprarlo, por otro. En el medio, la sociedad va resultando víctima de la perversión del progre impactando esta depravación en mayor medida en los sectores más desfavorecidos.

Así, en una sociedad que otorga más importancia a la celeridad que al crecimiento sostenido del país, el progre se posiciona utilizando todo lo que encuentra a su alcance. Muchas veces se ubica en una situación de control empleando –siempre para provecho propio- la dignidad del pueblo que confió en su palabra; también abusa de lo que Gloria Álvarez llama la “propaganda de sus inconexas ideas políticas”. Todo eso que el progre presume (tolerancia, respeto y diálogo) es una muestra más de sus auténticos intereses que transitan por carriles paralelos. En definitiva, hay que cuidarse no solo de la putrefacción K, sino también de los perfiles falsos opositores que actúan como plataformas desde las que lanzar mentiras para nada piadosas que destruyen al pueblo. Empecemos el año con los ojos más abiertos…al menos

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