Una Argentina…

Por Rogelio Alaniz

Una Argentina fuera de foco. Una Argentina desquiciada y en algún punto grotesca. Una Argentina donde ha quedado habilitado que pensar lo peor puede ser lo más sensato. Una Argentina que en el pasado se forjó con los inmigrantes llegados en los barcos y en el presente se «deconstruye» con sus jóvenes dirigiéndose a Ezeiza. Una Argentina que exhibió los índices más altos de alfabetización en el mundo y en la actualidad el vocabulario de muchos de sus jóvenes no excede las 300 palabras.

Una Argentina cuyo presidente anuncia un acuerdo con el FMI y la principal resistencia al acuerdo nace de sus propias filas y en algunos casos de parte de quienes objetivamente son sus superiores políticos. Una Argentina con un presidente cuya palabra se ha devaluado más que el peso nacional, y sus comentarios no resisten un archivo porque a cada una de sus afirmaciones se exhibe el video donde él aparece diciendo exactamente lo contrario. Una Argentina en donde la titular del poder real debería estar entre rejas.

Una Argentina con un gobierno que dice pertenecer al campo nacional y popular y de izquierda pero sus jefes viven en los barrios más caros y el testaferro de su jefa es uno de los principales terratenientes del país. Una Argentina cuyo gobierno nos quiere convencer que un crimen de estado fue un suicidio. Una Argentina que alguna vez dispuso del sistema educativo más progresista de Occidente y que se las ingenió para degradarlo de la mano de funcionarios ineptos y sindicalistas enemigos de la educación pública. Una Argentina que ha transformado a uno de los teatros líricos más prestigiados del mundo en un aguantadero de ñoquis bien rentados, burócratas ávidos de buenos negocios y a su cuerpo de ballet en una suerte de geriátrico protegidos por sindicalistas extorsionadores.

Una Argentina con obreros pobres y sindicalistas millonarios. Una Argentina con dirigentes de movimientos sociales empecinados en convencer a los pobres que deben renegar de la cultura del trabajo y que es preferible un plan social a un salario. Una Argentina donde el único trabajo con posibilidades de crecimiento económico real lo provee el narcotráfico. Una Argentina que de la única hazaña que puede enorgullecerse es de haber sostenido la cuarentena más larga del mundo y el cierre de escuelas más prolongado. Una Argentina cuyo gobierno de lo único que puede ufanarse es de haber fundado el único vacunatorio VIP del planeta.

Una Argentina cuyo presidente amenaza con sanciones a quienes no cumplen con el encierro, mientras su mujercita organiza fiestas en la residencia de Olivos. Una Argentina donde el titular de una institución de derechos humanos golpea a mujeres; la titular del INADI estafa empleadas domésticas y el titular de la defensa del medio ambiente el único antecedente que puede ofrecer son sus desplantes de niño bien caprichoso y prepotente. Una Argentina donde el ministro de seguridad nacional está sospechado de favorecer el narcotráfico y la única habilidad que se le conoce, además de sus desplantes de matón y barra brava, es la de esconderse en los baúles de los autos para eludir la justicia.

Una Argentina que se traslada impávida desde las preferencias por Piazzolla, Spinetta a los gorjeos de L-Gante. Una Argentina que parece empecinarse en cumplir con el principio escrito en la puertas del infierno: «Olvida toda esperanza». Una Argentina donde en lugar de luchar contra la pobreza se prestigia la pobreza con el objetivo como dijera Ezequiel Martínez Estrada de intimidar y embrutecer porque si el caballo razona se termina la equitación. Una Argentina que hace lo posible y lo imposible para ignorar o sepultar en el olvido a su íntimo enemigo: esa otra Argentina, la Argentina del trabajo, la honradez y la inteligencia que contra toda desesperanza y desencanto existe y se obstina en sobrevivir.

¿Qué Argentina sobrevivirá? No lo sé, pero sí sé que mi obligación moral, mi exigencia ética es una vez más defender las virtudes de la civilización contra las acechanzas de la barbarie que desde hace por lo menos setenta años «malonea» nuestra nación.

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