Las tropas rusas asedian Kiev

Soldados ucranios se defienden del ataque a algo más de tres kilómetros del Parlamento. La capital amanece con fuertes explosiones. “¿Quién está dispuesto a combatir con nosotros? Nadie”, lamenta el presidente, Volodímir Zelenski

La capital ucrania se encuentra bajo asedio. Fuerzas rusas y ucranias combatían este viernes en Kiev a poco más de tres kilómetros del Parlamento y de la céntrica plaza del Maidán, apenas en el segundo día de la ofensiva lanzada por el presidente Vladímir Putin. EL PAÍS fue testigo de cómo militares ucranios se defendían de fuego ruso en el barrio que rodea el puente de la Habana, una de las vías de acceso a la urbe. En un mensaje en Twitter, el Ministerio de Defensa ucranio ha recomendado a los habitantes de la ciudad que preparen cócteles molotov y permanezcan en sus casas. También les ha instado a informar de los movimientos de las tropas rusas. Putin, mientras, ha llamado al Ejército ucranio a la rebelión en un mensaje televisado: “Coged el poder en vuestras manos. Será más fácil negociar con vosotros”.

Se trata de un escenario extremo en la invasión de la antigua república soviética, cuyo presidente, Volodímir Zelenski, ha difundido a media tarde en su cuenta de Instagram un vídeo ―grabado en las inmediaciones del Parlamento en una fecha desconocida― para subrayar que sigue en la capital y en el que aparece, entre otros, con el primer ministro, Denys Shmyhal. “Todos estamos aquí. Defendemos nuestra independencia, nuestro Estado. Y así seguirá”, ha asegurado. Zelenski también ha acusado a Moscú de atacar a civiles. “Dijeron que no eran objetivo, pero es otra de sus mentiras”, ha lamentado en una grabación previa. Según el último balance, ofrecido este viernes de madrugada, la ofensiva ha causado 137 muertos, la inmensa mayoría civiles, y más de 300 heridos.

El estruendo de los proyectiles del Ejército ruso y el ulular de las sirenas son la nueva terrible banda sonora que amenaza la vida de los habitantes de Kiev. “Es un milagro”, señala con la voz entrecortada Anatoli, de 50 años, tras haber salvado la vida delante de un edificio de 10 plantas bombardeado en la madrugada de este viernes, a una docena de kilómetros del centro de la ciudad. La fachada destrozada con un enorme cráter del impacto delante explica el porqué de ese milagro. Fuentes policiales sobre el terreno confirman a EL PAÍS que solo ha habido cinco heridos. Era en torno a las cuatro cuando “todo tembló y las ventanas de las casas saltaron todas hacia dentro”, relata este vecino. Olga, de 47 años, regresaba a su casa entre lágrimas y todavía incrédula ante la situación que está viviendo. Junto a ella, varios policías y militares rodeaban la zona mientras los bomberos acababan de recoger. Casi en paralelo a estas imágenes, los 27 países miembros de la Unión Europea y Estados Unidos han aprobado esta madrugada una nueva tanda de sanciones contra el entramado político y económico de Putin.

Las fuerzas rusas atacan con especial intensidad. Las autoridades de la ciudad de Jersón, en el sur de Ucrania y donde viven unas 280.000 personas, han confirmado este viernes que el Ejército ruso ha logrado entrar. Las tropas de Putin cargan contra infraestructuras civiles para forzar a Zelenski a negociar y rendirse. En Odesa, una ciudad portuaria y estratégica en el mar Negro, también se han registrado ataques. Desde el sur y el este, las fuerzas especiales rusas y las tropas aerotransportadas tratan además de envolver al Ejército ucranio en la región del Donbás, donde los servicios secretos ucranios creen que Moscú puede haber infiltrado a grupos paramilitares para atacar desde dentro y hacerse con el control total de la zona. El plan podría repetirse, dicen, en otros puntos del país. El objetivo de Putin en Kiev podría ser descabezar a la cúpula del Gobierno. Miles de personas han huido desde el este, más cerca de la frontera rusa, y de la capital, hacia el oeste, a ciudades como Lviv, cerca de la frontera con Polonia, donde este viernes por la mañana se han oído también las sirenas de alerta por ataques. Decenas de miles de ciudadanos tratan de salir del territorio hacia países fronterizos como Moldavia, Polonia o Rumania.

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