La pobreza y las cifras que esconde el gobierno

Por Nacho Montes de Oca

Vamos a sacarle el maquillaje a la cifra de pobreza del 37,3% de pobreza, para explicar cómo se construye una cifra que está lejos de reflejar la verdadera situación social en la Argentina. Veamos cómo se construye Disneypobre, un país fantástico de estadísticas ambiguas.

Primero veamos cómo se construye ese índice. El INDEC establece el valor de la Canasta Básica Total con alimentos, vestimenta, servicios y transporte. No hay una cifra por persona. Se toma un grupo familiar y de allí se determina un ingreso mínimo que es el tope para no ser pobre. Por ejemplo, una familia tipo de padre y madre de treinta y pico con dos hijos de entre 6 y 8 años, necesita en marzo de 2022 que le ingresen al menos $83.807 para no ser pobre. Se cuentan hogares. Agradezco mucho a Gustavo Noriega por aclararme esa cuestión.

Pero el INDEC no revisa el origen de los ingresos con entusiasmo. Discrimina si trabaja en blanco o negro y las cantidades, pero no profundiza mucho más. Ahí en donde comienza a construirse la ilusión del índice de pobreza que baja. Porque si revisamos, nos llevamos una sorpresa. La primera referencia está en el mercado laboral. Los últimos datos del INDEC indican que solo el 23,5% de la gente recibe ingresos laborales. Es decir, un salario por su trabajo. El 76,5% recibe jubilaciones, rentas, pensiones o ayuda estatal. Empezamos a sentir el olor a trampa.

Ok, para no ser pobres los padres de la familia tipo tienen que juntar 83.807 cada mes. Suponiendo que ambos trabajen, si cobran el salario mínimo de $33.000 están condenados a la pobreza le faltan $23.807. Si trabajan en negro, reciben $32.000, menos aún. Le faltan $24.807. Si solo uno de los padres tiene trabajo, va a llegar al día 12 del mes y luego tendrá que arreglarse con un comedor popular o peregrinar en las agrupaciones partidarias para resolver que hacer para alimentar a su familia. Y tener trabajo en blanco no le garantiza tampoco nada.

Si el salario promedio en el sector privado es de $104.000 podemos suponer que todos los que están en ese segmento zafan de la pobreza. No, porque la estadística no funciona de manera que si uno come un pollo y el otro lo mira comer, contamos que cada no comió medio pollo. El problema es que ese salario lo cobra un grupo incluido dentro de los 6 millones de trabajadores registrados en el sector privado, con lo cual ya tenemos el primer corte de la pobreza. El segundo viene al considerar que al menos 3 millones cobran el salario mínimo.

La disparidad de ingresos se diluye porque hay sueldos más altos y muy bajos. Por ejemplo el salario promedio de cada uno de los 3,3 millones de empleados estatales es de $144.370. De allí a lo que cobra en blanco un bachero que ronda el sueldo mínimo, hay enormes diferencias. Por eso se da el fenómeno de familias que aun teniendo salarios en blanco caen en la pobreza. Sencillamente no juntan suficiente dinero para superar el umbral del INDEC. Algo similar sucede con los ancianos. Analicemos lo que cobran los 5,2 millones de jubilados en la actualidad.

El 49% cobra la jubilación mínima de $32.630. El INDEC establece que para no ser pobre tiene que cubrir el valor individual de la Canasta Básica Total, que se fijó en $27.122. Es decir que en los números, esos 2,6 millones de jubilados que cobran la mínima son técnicamente pobres. Peor la pasa un jubilado que vive solo, situación que según los datos oficiales incluye a 1 de cada 4 retirados. Sin contar gastos extraordinarios propios de la edad como remedios, tratamientos y descartables cuando la obra social falla, debe afrontar cada mes en la indigencia.

Hay un 16% de los jubilados que ganan hasta dos jubilaciones mínimas. Apenas logran salir de la pobreza y si están dentro del 25% de los que viven solos, tampoco la esquivan. Al menos el 58% de los jubilados, sencillamente son pobres. Lo mismo le pasa a la gente que está sola. El 10% de los hogares argentinos son monoparentales y el 17% unipersonal, es decir gente que vive sola. Si hay hijos, ese hogar necesita $66.720 para no caer en la miseria. Si el salario básico es de $33.000 y en negro 32.000, esos hogares son probablemente pobres.

Quizás tengan suerte y consigan que un político les tramite una Pensión No contributiva, un invento de la presidente en 2014 para ganar las elecciones. Si entran en la categoría “Pensión a la Vejez” cobrarán $22.841. En “Adultos Mayores”, $26.104,3. Tampoco salen de pobres. Es decir que ya tenemos 2,6 millones de jubilados con la mínima, los 7 millones de empleados en negro y la mitad de los asalariados en blanco. Quedan por contar los que no tienen empleo y los inválidos. Pero ya superamos hace rato la cantidad de pobres anunciada. Algo raro sucede.

Porque sobre 28 millones de personas aptas para trabajar, 12,6% son ocupados. ¿Cómo se sostiene una pobreza del 37,8% si hay 16,2 millones que no trabajan? Porque solo 900.000 desocupados están en busca de trabajo. Por eso el índice de desocupación es apenas del 7%. Dicho de otro modo, de los 28 millones de la Población Económicamente Activa, el 43,6% tiene trabajo y el 7% lo busca. El resto, el 49,7% en edad de trabajar, vive de otros ingresos no salariales. Y así llegamos al meollo de la cuestión ¿Por qué no se los cuenta cómo pobres?

Hablamos de 15 millones de personas que descontando al millón que reciben pensiones por invalidez (si, pasaron de 70.000 en 2006 a esa cifra en 2015) nos quedan 15 millones que no trabajan y que sumando todo lo anterior nos da una pobreza del 66% y nos quedamos cortos. En Argentina el 30% de la población es menor de edad. Por lo tanto no entra en el mercado de trabajo y no genera ingreso. Proyectando, deberíamos sumar un 30% adicional sobre ese porcentaje lo cual nos sugiere que 3 de cada 4 argentinos son pobres. El doble de la cifra oficial.

Pero ¿Cómo diablos se esconde un elefante dentro de una caja de fósforos? Es hora de explicar cómo se disimulan los índices de pobreza. La respuesta es…subsidios a mansalva y hacer la cuenta de pobreza de acuerdo a los ingresos, para que dejen de ser pobres. Magia estadística. Partamos de una base sencilla: si el Estado tiene que entregarle dinero a una persona para que no sea pobre, no lo saca de la pobreza. Justamente se lo da porque sigue siendo pobre. Como un subsidio por embarazo o estudio no quita la condición de embarazadas o estudiantes.

Y aquí está el truco estadístico para bajar el índice de pobreza sin bajar la pobreza, contando de igual modo lo que entra en un hogar por el trabajo asalariado o por un plan social. O que un refuerzo temporario figure con el mismo estatus que el salario que recibe el trabajador. Vamos a los datos. Arrancamos con los 3,8 millones de niños alcanzados por la Asistencia Universal por Hijo. El AUH paga $6.000 por hijo, $9.000 por hijo y $12.000 por más de tres hijos. Se pueden percibir mientras no haya un trabajo registrado superior al sueldo mínimo.

De manera que solo con el AUH, dos ingresos mínimos y dos hijos, la familia tipo, mágicamente casi sale de la pobreza (32.000 x 2 + 9 = $73.000). Ahora hay que sumar la Tarjeta Alimentar que paga $6.000 por hijo o $9.000 por dos. Estamos en $82.000, un tirón y llegamos. Pero como entre el 1 y el 4 de febrero se pagó la suma anual de Asistencia Escolar de $4758, en un pase mágico pasamos la barrera de los 83.807 y estamos listos para anunciar que sacamos a los hogares que combinan 3,8 millones de AUH y 1,6 millones de Tarjeta Alimentar.

Luego tenemos otros ingresos como el Plan Potenciar trabajar que suma 1,1 millón de beneficiarios y que le agrega $16.000 mensuales al ingreso personal. Todos estos programas con compatibles entre sí, de manera que su valor acumulativo es estadísticamente poderoso. Potenciar Trabajo se cuenta como “empleo eventual” porque en teoría trabajan 4 horas diarias en tareas comunitarias o cooperativas. Pero la certificación la hace la organización política que gestiona el subsidio, de manera que su cumplimiento es incomprobable.

De paso sinceremos que esos programas son computados como ocupación laboral aunque en muchos grupos la única tarea sea participar en marchas y otras actividades que engrosan las nóminas de cada agrupación y con ello las comisiones que cobran los punteros por su entrega. Incluso un plan de trabajo, más la AUH, y la tarjeta alimentar agrega en total de $34.000, que sumado a un sueldo informal de $32.000 le permite a un hogar monoparental o tipo con dos hijos salir ficticiamente de la pobreza en las estadísticas. Importa lo que se ve, no lo que es.

Esos $16.000, por ejemplo, son exactamente lo que necesita una familia tipo con los dos mayores para superar la línea de pobreza. Si los padres trabajan en negro o banco y reciben de básico de entre $66.000 y $68.000, con los $16.000 pasan a 84 y 86. Listo, llamen al NDEC. Estos es fácil de corroborar al contrastar la situación de los padres que reciben la AUH. De acuerdo a la ANSES, el 50% están “inactivos”, el 12% son desempleados y el 38% tiene algún ingreso eventual. Del total que recibe un ingreso laboral, el 63% trabaja en negro.

Además, con un mero manejo de las fechas en marzo pudieron anunciar que la cifra de pobres cayó del 40% al 37,3%. Por eso aunque informaron que se crearon apenas 300.000 empleos -100.000 en blanco- y se movió tanto la cifra de pobreza. Lo que había crecido, eran los subsidios. Hay otros modos de maquillaje, pequeños pero que suman al conteo. Como por ejemplo los 78.600 nuevos públicos, las 110.000 pensiones no contributivas y 52.000 jubilaciones anticipadas y por Cuidado sumados desde 2019. Son 240.600 ingresos adicionales. Unos puntos menos de pobreza.

Y para retocar aún más las cifras se anuncian bonos a jubilados y pensionados que se pagan en los primeros días del mes y coinciden con los tiempos de la medición de pobreza, de manera que se computan al mes siguiente como si fuesen parte del ingreso constante. Regresemos a la proporción que ya mencionamos: tres de cada cuatro hogares no se sostienen por salarios. Tiene todo el sentido del mundo porque además de la clase pasiva, el resto de las personas con capacidad de trabajar evaden la pobreza con algún plan estatal. Por eso el 37,3%.

La sutileza de permitir que se superpongan programas permite contar como “no pobres” al tipo que gana un salario mínimo en blanco o un sueldo en negro que no lo saca de la pobreza, pero que con un AUH o el Potenciar Trabajar alcanza a cubrir el ingreso familiar para no ser pobre. Esa superposición de planes que incluye tarjetas, becas, asistencias a diferentes segmentos y que se entregan a mansalva son contados como ingreso al igual que si se tratara de sueldos. Así el elefante que está enfrente desaparece de la vista aunque lo tengamos parado en el pecho.

El truco es darle plata al pobre y esconderlo bajo la alfombra estadística. Sin generación de empleo, mejor no contar ingreso salarial genuino y contabilizar todo el ingreso que reciben. Te doy el pescado y mientras lo comés te anoto como hambriento menos. La caña, te la debo. El asunto detrás del maquillaje es meramente político. Aunque todos estos planes representen el 38% del gasto estatal y las cuentas estén en un rojo furioso, el sostener a tanta gente artificialmente por sobre la pobreza implica la diferencia entre sobrevivir o no políticamente.

Todos estos ingresos estatales no sacan de la pobreza a las personas, solo les otorgan un ingreso condicionante, que no es lo mismo. Estadísticamente no son pobres pero siguen sin poder generar un ingreso que en condiciones normales las calificaría como personas que no son pobres. Lo perverso del sistema es haber creado un circuito en donde la mitad de la gente con capacidad de trabajar no busca empleo formal en blanco o directamente no lo busca porque tiene un ingreso asegurado. Y que a veces el sueldo formal o informal la mantenga pobre.

O depender del político para reforzar su ingreso y superar la línea de pobreza con un subsidio. Y detrás de tanta dependencia debe votar y asistir a marchas que refuerzan el capital político del dirigente, transformado en CEO de la miseria en complicidad con el gobierno. Imposibilitados de crear empleo para frenar la pobreza, comenzaron a computar el cobrar por ser pobre como un salario. Metodológicamente es válido, pero éticamente es una joputez porque se trata de una operación retorica para esconder una que penuria duele a la vista.

Y aunque suene hereje, que la superposición de planes y su manejo a escalas industriales convierta a muchos de los que administran esos subsidios en clase media o alta porque en su afán de esconder, los gobiernos resignaron el control para que lleguen a donde tienen que llegar. En la década del 70 el 80% de los argentinos pertenecía a la clase media. Hoy, Solo el 44% pertenece a ese segmento y una familia tipo debe ganar $124.250 mensuales para seguir dentro. Desde 2019, 2 de los 20 millones de esa clase cayeron al estrato inferior. Pero bajó la pobreza.

PS: No hace falta hacer cuentas. Si sinceraran las mediciones y dejasen de tomar el subsidio a la pobreza como signo de que un hogar o persona no es pobre –sí, sigue sonando rarísimo- el índice de pobreza se duplicaría. Quizás sin maquillaje Argentina está más fea de lo que dicen.

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