¿HABREMOS APRENDIDO LA LECCIÓN?

Por Mauricio Macri

Falta energía. Falta gasoil. Los camioneros no consiguen el combustible para llevar la cosecha al puerto y tienen que hacer kilómetros de cola. A este ritmo en el invierno va a faltar gas. Si esto pasa, las industrias y las fábricas de todo el país van a tener que reducir o parar su producción y eventualmente deberán adelantar vacaciones o suspender a sus trabajadores. También es posible que falte GNC y afecte al transporte. Los barcos que traen gasoil tienen que quedar en espera porque no tenemos depósitos para almacenarlo, tampoco tenemos trenes ni rutas adecuadas para transportarlo. Esta falta dramática de energía no es un accidente o una situación inesperada, es la consecuencia directa de los cuatro gobiernos kirchneristas.

Con las políticas actuales la condición energética es irreversible. Este proceso angustiante -como si nos faltaran problemas- se desarrolla además dentro de un contexto de inflación de pronóstico gravísimo; mientras el país es conducido por un gobierno de dos cabezas que pelean entre ellas. Estas son noticias muy preocupantes para todos los argentinos, pero son las verdaderas.La situación resulta conocida para todos. Pero esta vez tenemos la oportunidad de aprender para siempre una lección fundamental: lo que está pasando y lo que pasará es el resultado del populismo en acción. Una forma de poder donde sus protagonistas se presentan como defensores de la gente y terminan siendo sus depredadores, de sus empleos, de sus salarios, de sus ahorros, de la educación de sus hijos, de la justicia, de la seguridad, de la libertad, de la salud, del bienestar y, por supuesto, del futuro. ¿Vamos a aprender algo esta vez, o nos vamos a olvidar y seguiremos dando vueltas en un espiral descendente año tras año, cada vez más bajo, más hondo, peor?

En lo que respecta a energía, la políticas ideologizadas del gobierno kirchnerista de Alberto Fernández y Cristina Kirchner hicieron que se detengan los proyectos de energías renovables. Aunque ya estaba licitado y financiado en 2019, tampoco hicieron el gasoducto de Vaca Muerta que hubiese significado un alivio estructural al problema del gas. El gasoducto cuesta 1.600 millones de dólares, pero cada año sin el nuevo gasoducto cuesta 5.000 millones en gas importado. Si hubiesen hecho el gasoducto en lugar de importar, ahora estaríamos planeando cómo exportar más gas y sus derivados.

El impacto económico de esta situación es inmedible. No veo ninguna mejora posible en el futuro inmediato porque para resolver este colapso hay que empezar desde muy atrás; volver a implementar el gasoducto que habíamos impulsado, multiplicar las fuentes de energías renovables, crear una política energética real y duradera, convocar inversiones internacionales que tengan garantías de sus inversiones, ser institucionalmente confiables y respetar las reglas del mundo para los negocios y el intercambio. Ninguna de estas cosas son rápidas ni fáciles (lo sabemos porque muchas las habíamos empezado a hacer y estábamos avanzando) pero son la única salida que existe. Todos los otros atajos propuestos por el populismo nos llevan a un precipicio. ¿Habremos aprendido esta lección?

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