El panóptico K

Por Virginia Canal

La “pandemia” fue un cahiporrazo trágico para el mundo y un estacazo letal para Argentina. Si a los demás países los tomó desprevenidos, a nosotros nos asió no solo inadvertidos, sino también gobernados por una cofradía de cretinos, corruptos y autoritarios que agravaron las condiciones subyacentes a la coyuntura sanitaria.

Sí, tuvimos la fortuna de atrapar sin manoplas la big ball of fire estando liderados por la triple I: improvisados, inútiles e inescrupulosos ¿Recuerdan a Ginés afirmando categóricamente que el “virus” no llegaría al país y a Alberto recetando el tecito bien caliente porque el bichito se desintegraba a 26° centígrados? Mientras tanto ¡la vicepresidente se marchaba rozagante a Cuba a visitar a su retoño!

Así fue como pasamos de un estado de irresponsabilidad absoluta a una etapa de confinamiento estrafalario y demente que mucho se asemejó al encierro riguroso y cruel que describió Foucault en 1975 en su clásico “Vigilar y castigar”.

La cuestión es que aquella clausura por motivos de salud pública se fue convirtiendo en una declaración virtual de vigilancia y en una proclamación implícita de trazabilidad de la conducta de los argentinos, sobre todo de los rebeldes opositores al engaño que se niegan a vivir en la putrefacción que se desprende y cae de palito desde la chinche picuda mayor. Hablando de ovejas negras es imposible no traer a colación la persecución y la criminalización a la que se las sometió incluso desde el propio Estado ¿Cómo olvidar al “idiota” surfer de Ostende (según el dedo acusador y pendenciero del propio Alberto Fernández)? ¿Y los miles de varados (en el extranjero y hasta en el propio terruño) que “merecían” mantenerse alejados de sus hogares y de sus afectos solo por haber viajado?

La política de aislamiento y mortificación fue un ensamble armónico y perfecto para que los ciudadanos quedaran engullidos dentro de un panóptico. El panóptico, ideado por Bentham y continuado desde la perspectiva de Foucault, palabras más palabras menos, puede ser entendido como un instrumento que sirve para moldear el comportamiento humano y parte del principio de inspección que se propaga con la colaboración de los tres poderes del Estado: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Pero no queda allí, la ayuda también provine del circuito cerrado de vigilancia que está conformado por los medios de desinformación en todas sus variantes y en cualquiera de sus modalidades.

Casi proféticamente Foucault mostraba en su obra —que hoy ya transita sus 47 años— “un espacio cerrado, delimitado, vigilado en todos sus lados, donde los individuos están insertados en un lugar fijo y donde se controla hasta el menor de los movimientos…”. Asusta pensar en esos términos, pero fue y es un hecho que los actuales groseros administradores del país aprovecharon una situación sensible para convertirnos en target de observación y experimentación a tiempo completo y al solo efecto del control y del consecuente disciplinamiento ante lo que ellos pudiesen considerar como errores nuestros.

Nos recluyeron, nos separaron, demolieron la economía, arrasaron con la educación, devastaron la salud, destruyeron la seguridad y desmantelaron la justicia. Se burlaron de nuestro padecimiento aprovechando sus privilegios (la partuza de la primera vedette fue un claro ejemplo de esas prerrogativas estatales) y plantaron la más vil bifurcación entre salud y economía para que creyéremos que la elección de la segunda podía resultar catastrófica (¿qué resultó realmente calamitoso y adverso en el plano fáctico?). Si eso no es vivir dentro de un panóptico o, en palabras más simples, si no es una herramienta de dominación y abuso del poder, ¿qué lo sería?

Obviamente no solo desde el gobierno se apostó a generar demencia colectiva y terror; sus siniestros acólitos acompañaron la estrategia oficial diseminando el pánico mientras nos calificaban como “anticuarentena” a los que creíamos en una libertad responsable y en un manejo prolijo y acabado de las políticas públicas que exigía el momento.

Ese alto porcentaje de analfabetos ideológicos fue creado, mantenido y arengado por la triple I porque son tierra fértil para el terrorismo de estado que se viene prorrogando desde marzo de 2020 y que hoy muestra el auténtico rostro de la atrocidad: el colapso de la economía y con ella el desplome generalizado del país.

El panóptico pandémico le sirvió al kirchnerismo para atropellar nuestras libertades y para acometer contra nuestros derechos pero, fundamentalmente, le resultó ideal para contrabandear su verdadero propósito: salvar a la dama (juana), acumular el poder que les faltó reunir en 12 años y para intentar extinguir a sus detractores.

Nos espera un arduo combate y con resultados inciertos. Pero esta batalla histórica que hemos de librar nos puede llevar a destruir finalmente los cristales inmorales del panóptico k.

Oíd mortales, el grito sagrado

Libertad, libertad, libertad

Oíd el ruido de rotas cadenas

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