“…somos un gran pueblo que está frustrado. Mal. Horrible.” (Tomas Bulat, Estamos como somos, p. 7).

Por Virginia Canal

El recorrido por los últimos 70 años de la Argentina, en los cuales gobernó mayoritariamente el peronismo y algunos de sus edecanes, concluye con el triunfo actual de la desigualdad, con niveles de pobreza inimaginables y estancamiento, en una dramática involución moral, social, institucional y económica. Y es que el totalitarismo pone en peligro a cualquier sistema de libertad.

Claramente fueron años de manipulación política. Se dividió a la sociedad, se provocó la confrontación, se adoptó la comodidad de no asumir la propia responsabilidad cuando a los ciudadanos les va mal porque no es el peronismo/kirchnerismo/albertismo el culpable de la hecatombe; es el sistema, es el partido opositor, son los cipayos, los gringos, los gorilas, es el laburante, es el exitoso, SON TODOS MENOS ELLOS.

Se acostumbró a no buscar independencia ni oportunidades, sino a conseguir un puesto de funcionario público o a vivir cautivamente en la jaula del plan. Se apropiaron de los valores y los modificaron con éxito convirtiéndolos en “ideología”, en una suerte de pensamiento único. Y se le hizo creer a una runfla de matones que tienen la potestad de la amenaza.

Pero hace tiempo que están descubiertas las mentiras de los espadachines de izquierda, sobre todo su mayor falacia ha sido desempolvada: que el hombre es naturalmente bueno pero son las injusticias de la sociedad lo que lo contamina y envicia. A esto hay que agregar el sofisma de que esas las injusticias se corrigen únicamente desde el poder y que hay quien sabe corregirlas.

El carril de izquierda no sólo acentúa las falsas injusticias; las mantiene porque son el principio básico de cualquier dictadura a la que maquillan como una “revolución”. Porque el zurdaje es eso, el establo ideal donde mantener contentos con un poco de maíz y pasto a los rumiantes devenidos en hipotéticos revolucionarios.

En cambio, los que caminamos por el riel contrario, preferimos conseguir nuestro propio alimento. De allí que nos alejamos de cualquier claustro mental para vivir a la intemperie -y a su suerte- y elegimos la naturaleza por sobre la ficción… aunque nos amenacen con colocarnos una máscara de hierro y encerrarnos en la Bastilla.

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