La generación pensionada vitalicia del Estado

Por Virginia Canal

Lo que tanto temimos está sucediendo: hay una generación que en lugar de esforzarse por comprender una situación sensible y complicada —y actuar en consecuencia—, tiene la lamentable tendencia a repetir palabras que aprendió de memoria y que les “servirán” cuando las necesiten para atacar (sin fundamentos, sin argumentos y sin propósito, por supuesto).

Es la generación de los eruditos hijos del relato; es la generación que materializó la ignorancia y le puso cuerpo a la vulgaridad, a la incultura y a la ordinariez.

Es la generación parásito, rémora. Es la generación pensionada vitalicia del Estado.

Es la generación que deroga cualquier intento de evolución y construye monumentos a la regresión.

Es la generación forzada a emigrar hacia el desierto de la decadencia y allí sobrevivir como una planta exótica. O como abejas constreñidas a construir sus propias celdas y panales en aras de su calamitosa supervivencia.

Es la generación convento, una congregación de entes infecundos que han hecho voto de pobreza y obediencia renunciando a su propia voluntad.

Es la generación que no intenta siquiera esconder su mediocridad, su desfachatez, su insignificancia ni su incompetencia para juzgar.

Es la generación carga inútil y groseramente reproductiva que nos compelen a levantar y a sostener.

Abatida y menguada generación aquella que no nos permite a los demás, generación ferrocarril, a salvarla de la existencia miserable a la que la han condenado.

¿Qué generación ganará el juicio ante el tribunal del porvenir?

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