Del Plan Descansar al Plan Qatar

Ya sabemos hace rato que somos el país más raro del mundo, por múltiples razones. Todos los días hay ejemplos. Les doy sólo dos fresquitos, de ayer: festejamos que la inflación «baje» al 4,9% mensual, el presidente recibe a usurpadores de tierras del Ejército que él mismo comanda.

Pero ayer nuestra extravagancia tuvo una vuelta de rosca. Porque hemos empezado a exportar nuestra rareza, como si creyéramos que el resto del mundo se tiene que adaptar a nuestra excentricidad.

Me refiero a los argentinos en Qatar, que armaron un piquete destinado a la Fifa y al presidente de la AFA, Chiqui Tapia, para que les vendan entradas a los precios de hace un año.

Fue un gran momento Narnia. Mientras los piqueteros internos pobres caotizaban el tránsito de Buenos Aires, Córdoba y otras ciudades, una nueva clase social de piqueteros ricos hacía algo parecido en Doha. Miles de argentinitos que decidieron, sin que nadie los obligara, irse a poncho, de apuro, a Qatar, llegaron allá y se encontraron obviamente sin entradas. Y exigen que alguien les resuelva su improvisación.

Ya llevamos tantos años aislados del mundo, viviendo en medio de la rareza de reglas absurdas, mitos mal curados y teorías conspirativas, que creemos que el mundo funciona igual.

Por ejemplo, muchos hinchas sostienen que la Fifa no vende entradas oficiales porque sus dirigentes están haciendo negocios turbios con la reventa. Como si en Doha rigieran las mismas prácticas que en el torneo de la AFA. Como si fuera cosa de barras bravas entongados con dirigentes. Puede haber algún caso, pero la reventa en Doha está dada básicamente por miles de hinchas de otros países que, a diferencia de los argentinos improvisados, viajaron con la esperanza de ver a su equipo (Marruecos, Alemania, España, el que sea), compraron sus entradas y ahora las revenden.

No hay manera de que la Fifa intervenga ante eso. Pero ahí está la flamante división internacional del piqueterismo chic argento, exigiendo que se anule la ley de gravedad de los mercados, que «alguien haga algo», que les resuelvan el problema. La fórmula es la misma: la protesta, el cantito, la puteada, el reclamo. La negación oronda de la realidad: macho, te fuiste a Qatar sin entradas y sin plan. Problema tuyo. El mundo no funciona como Argentina.

Interesante la actitud de los medios: han tratado a esta nueva clase social piqueteril con capacidad de volar con mucho más simpatía que a los piqueteros profesionales que nos hacen la vida imposible acá. Ojo con eso. Lo único que nos falta es que a alguno de nuestros demagogos profesionales se les ocurra lanzar el «Plan Reventa Mundial», para subsidiar la improvisación nacional.

Por Adrián Simioni para www.cadena3.com.ar

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