Si grito es porque YO tengo la razón

Por Carlos Zenozain

Estos últimos años en este ex país llamado Argentina la sociedad ha caído en una vorágine de gritos, insultos y agresiones, ya no se debate, la sinrazón le ha ganado a la coherencia. Se habla sin pensar, se largan los argumentos sin razonar.

Veinte años de kirchnerismo han dejado a la sociedad vacía de valores personales y una sociedad rota que se maneja por impulsos emocionales. Todos quieren tener la razón porque de lo contrario el ego y la autoestima de esa persona terminan lastimados.

Si alguien cede por diplomacia en alguna discusión pasa a ser un tibio, la persona que cuenta hasta diez para no responder de manera violenta pasa a ser un cagón en esta sociedad que se ha acostumbrado a mostrarse los dientes ante cada discusión.

Lo vemos a diario en las redes sociales ‘si opinas diferente a lo que YO digo pasas a ser mi enemigo’, de esta manera alguien que expresa una idea diferente al otro es pasible de recibir insultos, agravios y hasta agresiones físicas sólo por decir su punto de vista.

Se ha perdido el respeto por el otro, como vimos hace unos días atrás en la cámara de Diputados, legisladores kirchneristas interrumpiendo a los gritos a sus colegas de otro color partidario, encima para defender a una condenada.

Muchos diputados saben que en el debate de una ley que es transmitida en vivo a todo el país tienen sus cinco minutos de fama, entonces aprovechan ese momento para hacer un circo verbal que a la postre termina exponiendo su limitada capacidad de raciocinio y falta de conocimiento político.

En los medios también lo vemos, todos hablan y nadie se escucha, levantan el tono de voz para imponerse ‘al otro’ porque algunas personas creen que tapando o interrumpiendo a su interlocutor su argumento va a tener la solidez que le falta hablando de manera normal.

En los programas con panelistas todos hablan de todo pero muchos carecen de conocimiento, el tema es meter alguna chicana para mostrarse y ver si luego consiguen un carguito… el fin justifica los medios.

La sociedad ha perdido el respeto por los demás, le falta el protocolo necesario de esperar a que el otro termine de hablar para dar su opinión, pero no, interrumpen descaradamente y a los gritos porque mi ego así lo exige.

Falta control emocional, falta comportamiento social, falta conducta individual para escuchar el argumento del otro. Se busca de manera permanente interrumpir para después mostrarlo en las redes ‘Viste cómo le cerré el orto? No lo dejé terminar de hablar, je!’ Ese es el objetivo temporal de la mayoría para después buscar otra víctima a la cual gritar e interrumpir.

La cultura del grito violento ha invadido cada uno de los ámbitos de la vida diaria de los argentinos, el kirchnerismo instaló eso a partir de los stand up de CFK y en la actualidad a través de los discursos histriónicos del presidente.

Las personas que gritan para imponer su “autoridad” lo hacen porque carecen de recursos retóricos para modular su mensaje, se en las calles también, automovilistas que se pelean por una mala maniobra o cosas por el estilo.

Se grita porque es un recurso fácil (no hay que ser muy listo para hacerlo) que consigue su objetivo: llamar la atención a través del supuesto enojo para después, una vez conseguida dar rienda suelta a la demagogia discursiva.

YO QUIERO TENER la razón porque mi falta de autoestima así lo exige.

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